Durante todos los lunes de mayo y hasta el lunes 29 de junio, Banco Ahorro Famsa pagó una plana de publicidad en el periódico El Informador de Guadalajara para ofrecer rendimientos, primero, de 9% durante tres meses con una inversión mínima de 100,000 pesos, y luego —sus administradores tuvieron algo de decencia— de 8%. El martes 30 de junio, las autoridades hacendaria y financiera de México retiraron la licencia de operación del banco e iniciaron un proceso para liquidarlo. Los dueños de Banco Ahorro Famsa se habían prestado a sí mismos el dinero de los clientes por un monto que superó más de 100% el capital de la institución.

La autoridad lo sabía, pero hizo poco por proteger a los ahorradores y pequeños inversionistas que confiaban en Famsa: Hacienda y la CNBV esperaron hasta el último momento para contener la avalancha. Ese momento llegó cuatro días después de que Grupo Famsa, la holding que posee el banco, solicitara la protección de la ley de quiebras estadounidense para reestructurar algunos de sus bonos. El escándalo era inminente.

Hoy hay 580,774 ahorradores de Famsa tramitando la devolución de su dinero a través del IPAB (Instituto para la Protección del Ahorro Bancario). Medio millón de personas que pudieron ser más por la deslealtad de Famsa de seguir ofreciendo sus servicios financieros, y la negligencia de las autoridades para detener esa propaganda a tiempo.

Banco Ahorro Famsa: publicidad engañosa
Banco Ahorro Famsa: publicidad para el mercado financiero de Guadalajara, del 8 de junio de 2020. El banco fue intervenido por los reguladores mexicanos el 30 de junio de 2020.

“Hace unos días Famsa anunciaba en El Informador el 9% de rendimiento a 3 meses, con un mínimo de 100. Lamenté mucho no poder ir a Inbursa y retirar para invertir en Famsa”, me escribió una lectora de Guadalajara. “La pandemia me salvó, por eso no salí de mi casa para ir a la sucursal a hacer los trámites. ¡Y eso que podías invertir hasta por teléfono! Me salvé”.

La publicidad de Famsa en el mercado financiero de Guadalajara, y posiblemente en otras ciudades del país, a unas horas de que el banco fuera intervenido por los reguladores y sometido a un proceso de liquidación, fue publicidad engañosa, con la intención de accionistas y administradores del banco de allegarse de recursos de los clientes. Fue un abuso y una perversidad: no había manera de que Famsa cumpliera con sus promesas y en el banco lo sabían. Y las autoridades, también.

José Soto Galindo

Editor de El Economista en línea

Economicón

Periodista. Desde 2010 edita la versión digital de El Economista en la Ciudad de México. Maestro en Transparencia y Protección de Datos Personales por la Universidad de Guadalajara. Tiene especialización en derecho de las telecomunicaciones y las tecnologías de la información. Su blog personal es Economicón.