La tecnología ha alterado la manera en que escuchamos la música y nos relacionamos con el sonido. Vivimos saturados por constante ruido, las plataformas de música nos anuncian las 50 millones de canciones que tiene disponible y hace tiempo que no le dedicamos a escuchar un disco con calma, para diseccionarlo y disfrutarlo.

Ahora podemos habitar en nuestra burbuja, aislados con nuestro propio ruido, escuchando nuestras playlists, podcasts o canciones favoritas, sin la invasión de un locutor de la radio o un comercial de la radio. Con un clic podemos eliminar el “ruido” externo de nuestros audífonos y disfrutar sin intromisiones nuestra cápsula de contenido curado a la medida. Las nuevas plataformas de contenidos en audio por internet nos han desconectado de los medios tradicionales y han ayudado a que escuchemos menos ruido.

El músico estadounidense, Damon Krukowski, se ha dedicado en años recientes a estudiar cómo la tecnología ha cambiado nuestras maneras de escuchar y de comunicarnos. Ways of Hearing (2019, MIT Press) es su más reciente libro, basado en un podcast que realizó con Radiotopia, y que ahora llega en su adaptación al papel. Imagine que son las partituras de antaño y que usted sólo tiene que leer las páginas para reproducir la información dentro. En su versión de audio, hay música, sonidos incidentales del siglo XX y otra manera de experimentar su tesis sobre cómo hemos cambiado la forma en que nos relacionamos con el sonido y la música en general.

Krukowski fundó Galaxie 500 con Naomi Yang y Dean Warenham a finales de los ochenta en Nueva York y es un discípulo del rock análogo. “El primer disco que hice fue 100% análogo. No era una elección, simplemente así se hacía en los ochenta. Mis amigos y yo vivíamos en un mundo completamente análogo”, escribe Krukowski sobre sus primeras experiencias en un estudio de grabación.

Con las nuevas herramientas digitales se pueden hacer grabaciones perfectas, ajustar individualmente cada elemento de la grabación y editar las imperfecciones. La música nueva carece de errores, carece de aquellas texturas que tenían los discos grabados de manera análoga.

No escuchamos a Ringo sonarse la nariz –momentos antes de empezar “Dig a Pony”–; ni escuchamos a Jeff Mangum levantarse de su silla y dejar la guitarra después de la desoladora “Two Headed Boy pt. 2” en In The Aeroplane Over the Sea; tampoco estarían las notas perdidas que Paul Westerberg deja al final de “Androgynous”. Nada.

En el lenguaje de la música, escribe Krukowski, el tempo rubato –tiempo robado, en italiano– es lo que permite a la música ser flexible, los músicos de jazz lo llaman swing, mientras que los músicos de rock y funk lo llaman groove. Es un acto de colectividad que sólo puede ocurrir con la presencia de los otros. Con la llegada de las nuevas herramientas digitales hemos perdido esos actos de comunión que alguna vez ocurrían en medios como la radio o la televisión y que nos permitían percibir el tiempo de la misma manera.

¿Cuántas generaciones de músicos decidieron armar una banda de rock luego de ver a Elvis o a The Beatles en el show de Ed Sullivan?

“Cuando intercambiamos cambiamos la transmisión por el podcast, cedemos la oportunidad de experimentar el tiempo juntos –en el mismo instante– a través de nuestros medios de comunicación” agrega Krukowski.

¿Qué hemos cedido al dejar de escuchar la música en acetatos o CDs? ¿Recuerdan los bucles en infinito de los discos conceptuales en acetato?, o, ¿qué hace 20 años los álbumes de tu banda alternativa favorita casi siempre tenía algún “track escondido” al final del futurista disco compacto?

El otrora baterista de Galaxie 500 y miembro del dueto Damon & Naomi nos invita a reflexionar sobre nuestra propia relación con la música, el sonido y el tiempo, nos ayuda a repensar nuestra relación con el ruido y nos hace volver a buscar experiencias análogas en alta fidelidad.

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AntonioBecerril

Coordinador de operaciones de El Economista en línea