Uno de los principales objetivos de la próxima Cumbre Anual de Líderes del G20 que se celebrará el 30 y 31 de octubre en Roma será llegar a un nuevo consenso para enmarcar el combate a los grandes desafíos que enfrenta la economía global.

Aunque la agenda es amplia, los integrantes del G20 han identificado los siguientes retos como fundamentales: I) la creciente desigualdad socioeconómica; II) la fragilidad del sistema económico global; III) el cambio climático; y IV) los riesgos de una nueva crisis sanitaria como la pandemia de Covid-19.

En un artículo para Project Syndicate, la economista y directora del Instituto para la Innovación y Propósitos Públicos del University College de Londres, Mariana Mazzucato, plantea la necesidad de abandonar el Consenso de Washington que ha dominado la arena económica a nivel global durante las últimas cinco décadas.

En su artículo, Mazzucato hace un recuento del nacimiento del Consenso de Washington a finales de la década de los 80, enmarcado en el fracaso del sistema comunista en la entonces URSS y Europa del Este y la adopción del sistema capitalista al estilo occidental como la mejor alternativa para el desarrollo económico.

El Consenso de Washington fue promovido por una serie de políticas neoliberales en materia comercial, fiscal y monetaria cuya adopción fue impulsada a nivel global por organizaciones multilaterales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM). Para Mazzucato y otros economistas, el Consenso de Washington ha sido agotado y el G20 debe librarse de cualquier pre-juicio y atadura para generar un nuevo contrato social. Uno de los principales impulsores de un nuevo contrato social es precisamente Estados Unidos.

El presidente Joe Biden y el partido Demócrata están impulsando una ambiciosa agenda enfocada en transformar el contrato social que ha estado vigente en Estados Unidos y el mundo.

El crecimiento del populismo a nivel global –reflejado en eventos como el Brexit, la llegada de Donald Trump a la presidencia de EU, la elección de Boris Johnson en Reino Unido, el ascenso de líderes como Jair Bolsonaro en Brasil y la consolidación de dictadores populistas como Erdogan en Turquía, entre otros– puso en evidencia el descontento de millones de personas ante el deterioro en el nivel de vida de la clase trabajadora y la creciente brecha contra los más ricos.

Si bien el Consenso de Washington sirvió para introducir una era de prosperidad económica a nivel global, dicha prosperidad excluyó a segmentos y regiones cada vez más importantes.

Las crisis del 2008-09 y la generada por la pandemia en el 2020 han puesto en evidencia las cada vez más importantes limitaciones del Consenso de Washington. Para Mazzucata, una de las alternativas a considerar es lo que se conoce como el Consenso de Cornwall.

Dicho consenso, refleja los acuerdos alcanzados el año pasado en la Cumbre del G7 en Cornwall, Reino Unido y plantea un nuevo paradigma que tiene como pilar la revitalización del papel del Estado en la actividad económica y una reforma de los mecanismos de gobernanza a nivel global.

El objetivo de este nuevo paradigma es corregir las evidentes limitaciones del sistema de mercado para atender necesidades como el impacto del cambio climático y la creciente desigualdad.

En Estados Unidos, la administración Biden está intentando impulsar una nueva agenda anclada en una mayor inversión pública en energías limpias e infraestructura y fortalecer la red social (educación, y salud). La adopción de un nuevo marco como el Consenso de Cornwall enfrenta retos financieros y políticos que generarán mucha discusión. 

joaquinld@eleconomista.mx

Joaquín López-Dóriga Ostolaza

Socio Director de EP Capital, S.C.

Sin Fronteras

Joaquín López-Dóriga Ostolaza es Socio Director de EP Capital, S.C., una consultoría especializada en fusiones y adquisiciones fundada en 2009.

Es egresado de la Licenciatura en Economía de la Universidad Iberoamericana, donde se graduó con mención honorífica y el promedio más alto de su generación. Cuenta con una Maestría en Economía de la London School of Economics, donde fue distinguido con la Beca British Council Chevening Scholarship Award.

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