El discurso del presidente López Obrador durante la Asamblea de Naciones Unidas no cumplió con los requisitos mínimos para encontrar eco en una de las cajas de resonancia más potentes del mundo como es la ONU.

Su mensaje fue etnocéntrico porque careció de rasgos globales. La Asamblea de Naciones Unidas, aunque de manera virtual, no es el Palacio Nacional ni la sala del Congreso. Tampoco es un discurso que se pueda usar como entrevista para un periódico ni para un debate con la oposición.

A la tribuna de Naciones Unidas se llega con un discurso de compromisos internacionales en el marco del multilateralismo. ¿Qué puede aportar México para resolver el cambio climático? ¿Qué puede hacer México para evitar, lo que dijo António Guterres en la sesión inaugural, una nueva Guerra Fría entre Estados Unidos y China? ¿Por qué México ha fallado en el manejo de la crisis del nuevo coronavirus siendo el país uno de los cinco donde han muerto más personas? ¿Qué temas llevará México en la agenda del Consejo de Seguridad? ¿Cuáles han sido los avances de la agenda de la Celac ahora que México la preside?

En Naciones Unidas se habla de la posición de un país frente a los conflictos del mundo, no se habla únicamente del programa político personal.

En la retórica del presidente se ausenta el mundo. No es a través del nacionalismo ni de la soberanía como se van a resolver los problemas globales.

Su retórica la enriquece a través de la historia, pero a la Asamblea de Naciones Unidas se le habla de los problemas del presente y de las soluciones del futuro, no de la conquista. La Asamblea de Naciones Unidas no es el auditorio del Colegio de México en donde se leen discursos sobre historia del país. El presidente regresó a explicar la 4T a través de los tres periodos ampliamente difundidos por él a lo largo de los años: la independencia, la reforma y la revolución. “Primero la independencia, cuando después de 300 años de ser colonia obtuvimos la independencia”. Mencionó a Hidalgo, Juárez y Madero. Dijo que la cuarta transformación está ocurriendo “sin violencia y de manera pacífica”.

Afuera de la cuarta transformación, pero en México, hay mucha violencia, muchos muertos. Demasiados para subrayar la existencia pacífica de algo que no se ha consolidado.

Los temas en común que preocupan al mundo son la pandemia y el cambio climático. El primero de ellos, el mundo conoció la postura del presidente mexicano a través de los noticieros de televisión que mostraron las estampitas “Detente” como protectores del contagio; también lo ha visto sin cubrebocas. “Hemos actuado con responsabilidad, nos han ayudado mucho los expertos (...) Y vamos avanzando, va bajando, va disminuyendo el efecto nocivo”. En realidad, en México ya han fallecido 73,697 personas por Covid-19, una cifra que no le permite al gobierno presumir su estrategia de mitigación.

El presidente eligió hablar del valor de las remesas y elogió la “cifra récord: 40,000 millones de dólares”, pero no habló sobre la dinámica del fenómeno migratorio. El presidente habló de la rifa del avión presidencial y de sus características funcionales, pero no habló si le podría ser útil a los cascos azules.

Los silencios del presidente de México en materia de multilateralismo permiten la elaboración de conjeturas. Personajes como Donald Trump o Boris Johnson se encuentran en campaña permanente en contra de organismos multilaterales, lo mismo la ONU que la Unión Europea. El primero de ellos violó el acuerdo nuclear con Irán y el segundo amenaza con hacerlo con el acuerdo del Brexit.

Han pasado dos años de que iniciara el gobierno de López Obrador y la ausencia del mundo en sus discursos es materia de preocupación porque carece de marcos comparativos y de empatía con organismos multilaterales.

El mundo del presidente López Obrador no concatena con el mundo. Grave y preocupante.

faustopretelin@eleconomista.mx

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.