Hace 10 años quebró Lehman Brothers y se puso en marcha una crisis que cambió el mundo. Por un momento, el sistema financiero estadounidense estuvo al borde de la quiebra sistémica. Para salvarlo, se puso en marcha la mayor inyección de liquidez monetaria de la historia. Esto no evitó que se evaporara riqueza equivalente a 14 billones de dólares y que la crisis se extendiera por todo el mundo.

México sufrió una caída del PIB equivalente a 6% en el 2009. Europa vivió un terremoto que aún tiene secuelas: Grecia retrocedió más de una década y el concepto de Unión Europea dejó de ser sinónimo de éxito. Las diferencias entre los países de la zona ganaron peso frente a las coincidencias.

Si la crisis que estalló con Lehman Brothers no hubiera ocurrido, Gran Bretaña no habría votado por el Brexit y el populismo no se habría vuelto el protagonista de la política europea. Quizá Trump no sería el presidente de Estados Unidos y las tensiones comerciales entre la Unión Americana y el resto del mundo tendrían otro cariz. “El populismo es el síntoma de un capitalismo que no funciona para las mayorías”, afirma Ray Dalio. Este hombre no es un sociólogo de izquierdas, sino uno de los financieros más poderosos de Estados Unidos, fundador de la administradora de activos Bridgewater.

¿Se pudo haber evitado la quiebra de Lehman Brothers? Lawrence Ball afirma que sí. Él es autor de una investigación que duró cuatro años sobre el tema y asegura que Lehman quebró como consecuencia de una intervención desastrosa de la Fed y el Tesoro.

¿Por qué fue desastrosa la intervención? Ben Bernanke defiende su actuación, en un op ed publicado en el New York Times, el fin de semana. El expresidente de la Fed enfatiza la difícil situación heredada y la limitación de las herramientas para intervenir. Pide más poder para las autoridades reguladoras.

Más que darle más poder a los bancos centrales, hay que pensar en darles más tareas, postula Ray Dalio. Al doble mandato que tiene la Fed en Estados Unidos: control de la inflación y fomento del crecimiento, hay que añadir una tercer tarea: la detección y prevención de las burbujas financieras. Dalio acaba de publicar un libro, Big Debt Crises, en el que traza paralelismos entre las grandes crisis.

Este financiero está de gira de promoción y es muy estimulante escucharlo. Esgrime argumentos estructurales pero también una reflexión sobre el factor humano: una crisis estalla porque no se detectó a tiempo o porque no se comprendió en toda su complejidad. También puede estallar porque los que saben no tienen el poder para poner en marcha los mecanismos de corrección.

¿Estamos a tiempo de evitar una nueva crisis? Bernanke lanza un grito para que se detenga el plan de desregulación financiera que ha anunciado Donald Trump. El investigador Lawrence Ball exige más escrutinio sobre la forma en que actúa la Reserva Federal (podríamos decir que esto vale para todos los bancos centrales: no tienen el don de la infalibilidad). Ray Dalio es fatalista, “estamos en el séptimo inning”, afirma. Con esta metáfora beisbolera enfatiza que ya hay burbujas que no resistirán el alza de tasas que viene. Dije fatalista y así es: “la próxima crisis tendrá más repercusiones sociales y será mas global”, profetiza. ¿Será? El reto es evitarla.

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Luis Miguel González

Director General Editorial de El Economista

Caja Fuerte

Licenciado en Economía por la Universidad de Guadalajara. Estudió el Master de Periodismo en El País, en la Universidad Autónoma de Madrid en 1994, y una especialización en periodismo económico en la Universidad de Columbia en Nueva York. Ha sido reportero, editor de negocios y director editorial del diario PÚBLICO de Guadalajara, y ha trabajado en los periódicos Siglo 21 y Milenio.

Se ha especializado en periodismo económico y en periodismo de investigación, y ha realizado estancias profesionales en Cinco Días de Madrid y San Antonio Express News, de San Antonio, Texas.