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Opinión

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4T: continuidad del “proyecto”

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Gerardo Soria

López Obrador, además de narcisista y megalómano, es un mitómano consumado: tiene tal compulsión por mentir que ni él reconoce cuando está mintiendo. Recuerdo una mentira en particular, que era tan absurda, que nunca entendí por qué López Doriga, quien lo estaba entrevistando, no soltó una carcajada. Era la campaña de 2018 y en una entrevista López Doriga le preguntó cómo pensaba resolver el gravísimo problema de violencia y crimen que vive México. López Obrador, sin inmutarse, dijo que la violencia y el crimen se terminarían una vez que él tomara posesión “porque si el presidente es honesto todos serán honestos”. El entrevistador, sorprendido, insistió: “¿El mismo día de la toma de posesión? ¿Así nada más?”, y López Obrador, en su ya obvia y exasperante manía de tapar una mentira con una mentira mayor, contestó: “No, el mismo día en que gane las elecciones se acabará la violencia, porque la gente verá que ya no es necesario, que ya va a haber justicia y paz” (así es como lo recuerdo). López Doriga preguntó si había alguna estrategia para combatir la violencia y el crimen. López Obrador contestó que su ejemplo era la estrategia. Así nos ha ido. Un hombre hueco y vanidoso, sin estrategia, que repite ad nauseam que su títere, Claudia Sheinbaum, dará continuidad a su “proyecto”. Pero ¿cuál es el proyecto?

¿Usted entiende cuál es el proyecto de esa fábrica de pañales -George Bernard Shaw dijo: “A los políticos y a los pañales hay que cambiarlos seguido… y por las mismas razones”- autodenominada “Cuarta Transformación”? Veamos qué han transformado López Obrador y sus achichincles: pagó y sigue pagando por inundar un aeropuerto con más de doscientas posiciones y cuatro pistas, y construyó un aeropuerto que nadie usa. Alteró, por capricho, el espacio aéreo de la Ciudad de México. Va a crear una línea aérea propiedad del “ejercito” (eso es un decir. Salvo que ya lo hayan corregido desde la última vez que lo analicé, los accionistas de las empresas regaladas a los militares son altos oficiales, pero como personas físicas. No son el gobierno de México ni la Secretaría de la Defensa. López Obrador, que odia las privatizaciones, se ha aventado las privatizaciones más descaradas y cínicas de la historia), subsidiada, que violará el T-MEC y la legislación en materia de competencia, y la Cofece no ha dicho ni pio. Tanto el AIFA como el Tren Maya, y el propio Pemex, después de su tetratransformación van a quebrar inexorablemente. Eso pasa cuando se pone a un niño malcriado en el arenero.

¿Qué más ha transformado? El sistema de salud, por supuesto. Hoy hay un criminal desabasto de medicamentos porque unos ignorantes, que jamás han tenido que administrar una miscelánea, decidieron que, si Bimbo puede llevar pan a cualquier esquina del país, ellos podían hacer lo mismo con los medicamentos. Evidentemente no pudieron, por ignorantes e incompetentes. Quizá si le hubieran pedido ayuda a Bimbo, otro sería el escenario. El hecho es que la “Cuarta Transformación” ha traído muerte y sufrimiento, con un derroche de recursos muy superior al que había antes de que llegaran los “moralmente superiores”.

En materia de combate a la corrupción, López Obrador ha hecho todo por fomentarla, no por inhibirla. Se ve que les agarró el gusto a los sobres amarillos. Su brillante transformación ha consistido en reducir sustancialmente los sueldos de funcionarios con altas responsabilidades legales para que renuncien, y sustituirlos por sus guaruras -él les llama ayudantía-, que tienen la experiencia de un profesor de baile. Literal: este es el nuevo director del organismo que administra los activos del gobierno y que tiene un nombre tan ridículo que no lo voy a repetir. Si tú pones a gente incompetente, con sueldos bajos, a administrar miles de millones de pesos ¿qué crees que va a pasar? ¡Exacto! Y con su respectiva salpicada en cash. Este es el combate a la corrupción de López Obrador y su cacareada “transformación”.

La “transformación” también implica destruir contrapesos: el INAI, para ocultar tus tranzas; el INE, para violar la ley electoral a su antojo; Cofepris, para extorsionar empresas; CRE, para que Bartlett haga lo que le dé la gana. Una vez sometido el organismo, al presidente se le olvida el sueldo que ganan sus funcionarios o lo “corruptos” que eran, e inmediatamente ataca a su próxima víctima: ahora, el Poder Judicial. Quiere que ministros y magistrados ganen menos, y para eso se quiere robar los ahorros de todos los funcionarios del poder judicial, destinados a su retiro y a la atención de su salud. Lo que quiere son jueces a modo que le permitan seguir destruyendo el salón de fiestas. ¿Se imagina que los jueces tengan que juzgar según la voluntad de las masas? Adiós ley, adiós justicia. Éste es el “proyecto”.

@gsoriag

Gerardo Soria

Abogado especialista en sectores regulados. Presidente del Instituto del Derecho de las Telecomunicaciones (IDET). Doctorando en letras modernas en la UIA.

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