En conversaciones que he mantenido con clientes y amigos desde enero pasado, advertí de la posible estabilidad del tipo de cambio. Entre varios argumentos, uno de los principales era la postura más decidida del Banco de México a reducir la inflación y a evitar una volatilidad excesiva en el tipo de cambio a base de sostener tasas de interés de corto plazo muy elevadas

Al día de hoy dicha condición es claramente notoria. La tasa de referencia que establece el Banco de México para operaciones a un día es 7.5% y en el espacio entre enero y el tipo de cambio del peso–dólar ha descendido poco más de 7.5%, de 19.67 pesos a 18.07.

Esta ecuación (tasas altas y tipo de cambio a la baja) no puede ser más que temporal, de lo contrario significa una medicina muy dañina para la economía.

La lógica de muchos participantes en los mercados con relación a la cotización ha sido simple.

Debo reconocer haber caído en el mismo planteamiento: hay indicadores fundamentales en el corto plazo que señalan una fortaleza del peso, como la estabilidad de las cuentas externas y de las finanzas públicas en este año y los niveles de tasas de interés muy altos, así como la expectativa de un descenso en la inflación con relación al 2017.

Pero hay importantes elementos de incertidumbre; en concreto, podríamos enumerar un par, un posible fracaso en la negociación del TLCAN y el otro el resultado incierto de las elecciones del 1 de julio. Luego entonces, hay que mantener dólares en los portafolios como una cobertura ante posibles episodios de turbulencia derivado de los resultados en ambos asuntos.

A casi todos les sorprende la fortaleza del peso, sobre todo en días recientes en que se ha instalado en la narrativa económica el tema de las guerras comerciales y en donde las críticas del gobierno estadounidense con relación a la migración y la seguridad relacionadas con México se han intensificado.

Pero los factores principales de riesgo comienzan a mostrar tonalidades menos amenazantes.

Hasta el momento, el gobierno norteamericano ha dado señales de que existen avances en las negociaciones con relación al TLCAN que podrían incluso derivar en un acuerdo mucho antes de lo previsto. A principios de la semana se habló sobre la intención de anunciar una renovación del tratado antes de la cumbre de las Américas de Perú a celebrarse los días 13 y 14 de abril.

Podremos discutir mucho si los resultados son positivos o no para la economía. Pero lograr anunciar la renovación del TLCAN es un saldo positivo con relación a los temores que existieron durante todo el año pasado y, dicho sea de paso, significan un respiro parcial para el peso.

Por su parte, hasta el momento la ventaja que mantiene AMLO con respecto a sus rivales en la campaña, a dos meses y medio de las elecciones no ha generado una especulación apabullante. La posibilidad de un triunfo sin disputa es una señal que por lo menos en el verano puede ser positiva.

Si ambos factores se salvan con un resultado que no sea considerado como el peor posible, en el mediano plazo la condición de una tasa alta y un peso fuerte no debiera sostenerse.

Resultaría en un círculo de restricción que se retroalimenta y que tiene un impacto fuerte, en especial en las empresas.

Si la percepción mejora es posible que veamos reducirse a la tasa de interés. Si la percepción es mala entonces debe rebotar el tipo de cambio a niveles mayores. Quizás no es momento aún de hacer deducciones pero sí de tener en cuenta que la situación actual obedece a factores muy específicos y que no durará mucho.

*Rodolfo Campuzano Meza es director de Estrategia y Gestión de Portafolios de INVEX. Cualquier pregunta o comentario puede ser enviado al correo:

perspectivas@invex.com

Twitter: @invexbanco