La semana pasada, un grupo de amigos y yo discutíamos sobre la posibilidad de que el futbol fuera un factor que contribuyera al crecimiento económico. Es evidente que el campeonato mundial, organizado por la Federación Internacional de Futbol Asociado (FIFA), está orientado hacia la obtención de ganancias, muchas ganancias.

Para no tener una discusión estéril, sacamos extraoficialmente los beneficios económicos del Mundial de Alemania celebrado hace cuatro años: 3,000 millones de dólares. Esa cantidad, según la FIFA, sirve para pagarle a todas las federaciones de futbol que participan en cada Mundial. Entonces repartió algo así como 3 millones de dólares por cada partido a cada Selección en la primera ronda; 6 a las selecciones en octavos de final; 9 en cuartos de final; 12 en semifinales, y 15 en la final, lo que significa que a la peor Selección, de entrada le tocaban 9 millones de dólares y al campeón 51.

Buen negocio, ¿no cree usted? Quítele lo que se paga al anfitrión y otras cosas más, pero aún así, el negocio sigue siendo como el balón: redondo.

Si hacemos cuentas, en la primera ronda se gastaron 288 millones de dólares y en las finales 246, lo que hace que gasto total en partidos de 534 millones de dólares. Los organizadores pueden ganar entonces, seis veces el dinero que pagaron para que las selecciones jueguen durante 30 días.

Para Alemania, organizar un Mundial representó cerca de 1% de su Producto Interno Bruto, por lo que sí generó un beneficio económico importante. En este incremento, no están incluidos los ingresos de la FIFA.

Para el Mundial de Sudáfrica, los organizadores anunciaron premios más grandes que los de Alemania. Sin revelar el monto, es probable que los premios sean del doble de lo que se repartió en el Mundial anterior.

Haciendo a un lado esa visión monetarista del Mundial, el beneficio económico para Sudáfrica se calcula que sea mayor que el de Alemania. La infraestructura que se queda en Sudáfrica, con sus respectivas derramas económicas para el empleo, el sector de construcción, el comercio, etcétera, supone un crecimiento cercano a 4% de su PIB.

La Selección anfitriona, aunque no califique a octavos de final, será una ganadora en términos económicos.

La lección de todo esto, es que con un Mundial, todos ganan. Ganan las televisoras, ganan las federaciones de futbol, ganan los jugadores, ganan los organizadores, ganan los gobiernos, ganan las empresas, entre muchos más.

Si no fuera negocio, Portugal, España, Estados Unidos, Japón y otros tantos países más, no estarían disputándose ser la sede del Mundial del año 2018.

*El Dr. Eduardo Carbajal es director de la Escuela de Negocios y Humanidades del Tecnológico de Monterrey, campus Toluca.

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