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Prevención en salud: qué vacunas clave en cada etapa de la vida para prevenir enfermedades
La vacunación debe mantenerse durante toda la vida. Actualizar esquemas por edad reduce enfermedades prevenibles, hospitalizaciones y protege a los grupos más vulnerables de la población.

La vacunación sigue siendo una de las herramientas más efectivas de la salud pública, pero en la práctica continúa asociándose casi exclusivamente con la infancia. Este enfoque incompleto deja expuestos a millones de adolescentes, adultos y personas mayores frente a enfermedades prevenibles que siguen circulando.
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Especialistas en prevención coinciden en que la vacunación debe entenderse como un proceso continuo a lo largo de toda la vida. Las defensas disminuyen con la edad, algunos esquemas pierden efectividad con el tiempo y nuevas condiciones de riesgo aparecen conforme avanzan las etapas de la vida.
Juan Camilo Lozano Rodríguez, gerente de Planeación de Salud de AXA Keralty, explica que uno de los principales errores en prevención es asumir que "ya vacunarse no es necesario" en la edad adulta.
La inmunidad no es permanente. Si no se refuerza, el riesgo regresa", dijo Juan Camilo Lozano.
Infancia: donde inicia la protección
Los primeros años de vida concentran el mayor número de vacunas, no por casualidad, sino por el alto riesgo de complicaciones. En esta etapa se aplican vacunas como la hexavalente, que protege contra seis enfermedades graves tales como: difteria, tétanos, tos ferina (pertusis), hepatitis B, poliomielitis y Haemophilus influenzae tipo b, así como rotavirus, neumococo y la triple viral, fundamental para prevenir el sarampión.
A partir de los seis meses, la vacunación anual contra influenza reduce de forma significativa las complicaciones respiratorias y las hospitalizaciones en niños pequeños.
Adolescencia: la etapa donde se pierde el seguimiento
La adolescencia es uno de los momentos con mayor rezago en vacunación. Aquí destaca la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH), clave en la prevención de distintos tipos de cáncer, así como los refuerzos contra tétanos y difteria, que deben aplicarse cada 10 años.

Juan Camilo Lozano Rodríguez, gerente de Planeación de Salud de AXA Keralty.
Lozano considera que revisar esquemas en esta etapa permite cerrar brechas antes de la vida adulta.
Adultos: prevención activa, no reactiva
En adultos jóvenes y de mediana edad, la percepción de bajo riesgo suele retrasar la vacunación. Sin embargo, mantener actualizadas vacunas como influenza anual, Covid-19, hepatitis B y los refuerzos de tétanos-difteria reduce la severidad de infecciones, incapacidades laborales y gastos médicos evitables.
Esto cobra mayor relevancia en personas con enfermedades crónicas, donde las infecciones pueden evolucionar con mayor gravedad.
Embarazo: prevención para dos
Durante el embarazo, la vacunación protege tanto a la madre como al bebé. La vacuna contra tétanos, difteria y tosferina se recomienda a partir de la semana 20, mientras que influenza y COVID-19 pueden aplicarse en cualquier trimestre.
Mayores de 50 años
Con el envejecimiento, el sistema inmunológico responde con menor rapidez. Por ello, vacunas como herpes zóster y neumococo se vuelven estratégicas para prevenir dolor crónico, neumonías y hospitalizaciones frecuentes en adultos mayores.
La influenza anual sigue siendo clave para reducir complicaciones respiratorias y pérdida de autonomía.
La prevención que impacta a toda la sociedad. "La vacunación no solo protege a quien la recibe, reduce la transmisión y protege a quienes no pueden vacunarse", concluye Lozano Rodríguez.



