La democracia como la conocemos es una forma de organización social relativamente reciente, que ha ido consolidándose sobre todo en los países desarrollados, en donde la bonanza ha garantizado la estabilidad de los regímenes democráticos. Pero en los últimos años, en países como Estados Unidos y en Europa occidental, el concepto de democracia se ha ido debilitando sobre todo entre las personas más jóvenes.

En los primeros años de su formación, cualquier sociedad democrática, sea pobre o rica, tiene las mismas posibilidades de ser vulnerada para instaurar otro régimen. Mientras que en los regímenes democráticos pobres se mantiene este riesgo incluso después de muchos años de votar libremente a sus gobernantes, aquellos con un nivel de riqueza mayor aparentan estar a salvo, de acuerdo con datos de Adam Przeworski and Fernando Limongi retomados por el estudio The Democracy Disconnect , de Roberto Stefan Foa and Yascha Mounk, publicado en el Journal of Democracy.

Para Stefan, profesor de Ciencia Política en la Universidad de Melbourne, Australia, y Mounk, profesor de Gobernanza en la Universidad de Harvard, este acercamiento a la consolidación de la democracia entre las naciones más y menos favorecidas carece de muchos otros elementos que conforman la percepción que la sociedad tiene de este concepto.

De acuerdo con los investigadores, el que una democracia esté consolidada responde a tres características esenciales: el apoyo popular a la democracia como una forma de gobierno; el debilitamiento de los partidos y movimientos antisistema y la manera en la que las reglas dentro de un régimen democrático son aceptadas y acatadas.

Muchas de las recientes reflexiones acerca de que la gente confía cada vez menos en la democracia como un sistema de gobierno que beneficie a la mayoría afirman que este fenómeno es una muestra del nivel de sofisticación política que han alcanzado los ciudadanos de los países democráticos liberales. Pero en los últimos años, varios eventos indican lo contrario.

En marzo de este año, la aprobación del Congreso en Estados Unidos era de apenas 13 por ciento. Y muy recientemente, el magnate Donald Trump, después de recibir un importante apoyo, al lanzar propuestas cuya puesta en acción violaría abiertamente los derechos de las minorías étnicas y religiosas, ganó la elección presidencial en aquel país. En el caso de Europa, varios partidos conservadores cuyas propuestas se inclinan por un velado autoritarismo están teniendo un apoyo considerable entre la población.

Hoy en día, tenemos más confianza en la durabilidad de las democracias consolidadas del mundo. Pero ¿tenemos buenas razones para mantener nuestra confianza en la democracia? , es la pregunta que lanzan los investigadores en el artículo del Journal of Democracy.

De acuerdo con Stefan y Mounk, sus hallazgos son preocupantes: Los ciudadanos de varias democracias supuestamente consolidadas en Norteamérica y Europa occidental no sólo se han vuelto más críticos con sus líderes políticos, sino que se han hecho más cínicos sobre el valor de la democracia como sistema político, menos esperanzados de que cualquier cosa que hagan pueda influir en la política pública y más dispuestos a expresar su apoyo a alternativas autoritarias .

1. Apoyo a la democracia como forma de gobierno

En Estados Unidos, las personas que nacieron en el periodo entreguerras considera a un gobierno democrático casi como un valor sagrado. Cuando se le preguntó a la gente que nació antes de la Segunda Guerra Mundial cuán esencial era vivir en una democracia en una escala de cero a 10, 72% respondió 10. Pero en el caso de los Millennials, es decir, las personas que nacieron después de 1980, la proporción de quienes aún creen en la democracia es de sólo 30 por ciento.

De acuerdo con el estudio, el descenso en el apoyo hacia la democracia no tiene tanto que ver con que los jóvenes sean más críticos con su forma de gobierno que las personas de mayor edad, sino con un efecto generacional. En 1995, sólo 16% de los estadounidenses nacidos en 1970, es decir, alrededor de los 20 años de edad, creía que la democracia es una mala forma de gobierno, mientras que en el 2011, casi un cuarto de los consultados, que pertenecían a la generación nacida en los años 80, respondió que creía que la democracia era un mal sistema político.

2. ¿Qué es la democracia?

El problema con estas consideraciones es que es sumamente difícil conocer cómo conciben las personas un concepto tan complejo como es el de la democracia. La gente puede tener una afinidad abstracta por la democracia, mientras que simultáneamente rechaza muchas de las normas e instituciones claves que tradicionalmente han sido consideradas como ingredientes necesarios de la gobernabilidad democrática , refieren los investigadores.

Además de la elección de un gobernante a través de un voto popular libre, el contar con un régimen democrático implica para las sociedades un compromiso con los valores liberales y con la protección de los derechos civiles de las personas, además de ejercer su participación política mediante las instituciones creadas para este fin. Pero estos elementos se reflejan cada vez menos entre las opiniones de los ciudadanos. Por ejemplo, en Estados Unidos, 41% de los nacidos durante las décadas de entreguerras y principios de la posguerra explicó que es absolutamente esencial en una democracia que los derechos civiles protejan la libertad de las personas. Para los nacidos después de 1980, este porcentaje apenas rebasa 30 por ciento.

3. Participación de la gente en la política

El compromiso de las personas jóvenes respecto de su participación en la política dentro de una sociedad democrática también ha sufrido una caída en los últimos años. Por el contrario, entre las generaciones de más edad, esta responsabilidad con las instituciones democráticas ha aumentado. En Estados Unidos, 60% de quienes nacieron antes de los años 70 ve como positiva su participación en la política del país y en Europa, esta proporción alcanza 50% de los consultados. Estos datos revelan la inmensa brecha que se ha abierto entre las distintas generaciones con respecto a la apatía política.

El activismo o la participación política puede tomar también formas que evaden a las instituciones dentro de una sociedad democrática, como las protestas sociales, y aunque en tiempos pasados era más usual que los jóvenes participaran de forma más activa en este tipo de compromiso político, en la actualidad esta tendencia se ha revertido. En este sentido, en Estados Unidos, una de cada siete personas nacidas durante la posguerra se ha unido a algún movimiento contestatario o ha participado en alguna protesta política, mientras que entre los Millennials, sólo una de cada 15 personas ha realizado alguna de estas actividades.

4.Crece el apoyo a alternativas más autoritarias

Según los realizadores del estudio, la poca participación de las generaciones en la política de sus respectivos países puede sugerir más que un rechazo hacia la democracia cierta indiferencia hacia esta forma de gobierno, debido a que la mayoría de los Millennials en realidad no han experimentado una amenaza contra su estilo de vida. La disminución del apoyo y el compromiso con las instituciones políticas podría implicar el hecho de que la democracia liberal ya no se enfrenta a una seria competencia de formas alternativas de régimen , explican.

Pero esta visión es demasiado optimista, sobre todo cuando sale a la luz el hecho de que el apoyo hacia formas de gobierno más autoritarias está en aumento. En las últimas tres décadas, la participación de los ciudadanos estadounidenses que piensan que sería algo bueno o muy bueno que el ejército gobierne ha aumentado constantemente. En 1995, sólo uno de cada 16 encuestados estuvo de acuerdo con esa posición; hoy en día, uno de cada seis está de acuerdo , refieren. Esta opinión la comparte buena parte de la población de países con sistemas democráticos incluso más consolidados que en Estados Unidos, como Alemania, Suecia y el Reino Unido.

La preferencia por un líder fuerte que no considere las opiniones del Poder Legislativo y que no esté preocupado por las elecciones también ha ido en aumento entre prácticamente todas las generaciones de ciudadanos estadounidenses. Y de estos, quienes están más abiertos a alternativas de gobierno antidemocráticas son los jóvenes de los estratos sociales más ricos, es decir, los Millennials más ricos. Si regresamos a la cuestión de la aprobación de un régimen militar, en 1995 sólo 6% de los jóvenes estadounidenses ricos (nacidos desde 1970) creían que sería algo bueno que el ejército asumiera el control del Estado. Hoy en día, esta opinión es sostenida por más de un tercio de los jóvenes estadounidenses ricos , indican los investigadores.

Para Roberto Stefan and Yascha Mounk, el responder la pregunta sobre si la democracia se encuentra en decadencia sería necesario un programa de investigación de largo aliento. Si tomamos en cuenta el número de personas que dicen apoyar la democracia, ningún tipo de régimen en la historia de la humanidad ha tenido tanto éxito como lo tiene hoy la democracia. Sin embargo, la realidad de las democracias contemporáneas no es tan alentadora. Los ciudadanos de las democracias están cada vez menos contentos con sus instituciones y están cada vez más dispuestos a abandonarlas .

rodrigo.riquelme@eleconomista.mx