Vega Baja. Todo parece indicar que Puerto Rico ha llegado a un punto de inflexión. Miles de manifestantes han exigido poner fin a una generación política asentada en la corrupción. Su objetivo: destituir al gobernador Ricardo Rosselló, y para ello han llenado las calles de ira, frustración e impaciencia.

Los puertorriqueños se han unido en una voz, la misma que canta en el Viejo San Juan y en las lejanas plazas de los pueblos. Los manifestantes llegan en masa a través de coches, kayaks, barcos y caballos día tras día.

Una cosa ha quedado claro: cada día se van sumando más ciudadanos a las protestas.

Hoy lunes habrá lugar una nueva concentración.

Los organizadores indican que esperan a más de 1 millón, se trata de un tercio de la población. Planean cerrar la avenida principal de San Juan, donde las empresas planean cerrar todo el día, y muchas oficinas en el centro darán a sus empleados el día libre.

El descontento inmediato se debe a la divulgación de un informe de 889 páginas con mensajes de chat filtrados , en los que Rosselló y su círculo interno de funcionarios de la administración y amigos atacaron a oponentes, periodistas y mujeres políticas a través de burlas vulgares y chistes crueles en contra de las víctimas del huracán María, ocurrido hace dos años.

Trauma derramado

Los padres perdieron sus empleos. Las familias estaban rotas. Comunidades fracturadas. Las casas fueron destruidas. Las escuelas estaban cerradas. Y miles murieron. Mientras tanto, la élite supuestamente despilfarró el dinero de la ayuda.

“Lo que estamos viendo ahora es un trauma que se está derramando en las calles”, dijo Marisol LeBrón, profesora de la Universidad de Texas en Austin, que ha estudiado el activismo puertorriqueño.

“Si logramos deponer a un gobernador, sería la primera vez en nuestra historia. Si eso es posible, todo es posible”, comentó Lenulisy Rosado Estrada, de 26 años.

Ayer, el gobernador Ricardo Roselló reveló en Facebook que no buscará su reelección en el 2020. También hizo oficial su renuncia al partido. Sin embargo, y por lo que se verá hoy en las calles, la población no estará satisfecha por estas decisiones.

Lo quieren fuera.