La noche del martes, el general Eduardo Villas Boas abrió su cuenta de Twitter para enviar un mensaje intimidatorio: “Le aseguro a la nación que el ejército brasileño comparte el anhelo de todos los ciudadanos: repudiar a la impunidad, respetar a la Constitución, a la paz social y a la democracia”. ¿Intimidatorio? Si no se tratara de un general del ejército brasileño, no lo sería.

El mensaje al Superior Tribunal de Justicia era claro: no le otorguen el habeas corpus al expresidente Lula.

Quien no moderó demasiado sus palabras fue el general Luiz Gonzaga Schroeder Lessa al lanzar una advertencia en contra del Supremo Tribunal Federal. Si los jueces hubieran otorgado el habeas corpus a Lula, hubieran actuado como “inductor” de la violencia entre los brasileños, “propagando la lucha fratricida, en vez de suavizarla”.

Un decreto del 2002, firmado por el expresidente Fernando Henrique Cardoso, prohíbe las manifestaciones públicas de militares sobre política sin autorización previa.

La declaración de Villas Boas, apoyada por colegas, cayó mal entre políticos y el gobierno de Michel Temer, provocando también a los militantes del Partido de los Trabajadores, que acusaron un intento de golpe.

No es positivo que los militares presionen a los jueces.