El proceso de paz en Colombia está pensado en el imaginario social de los ciudadanos de a pie como algo paulatino , con una especie de transición que sólo en la mente de unos pocos se puede imaginar como un cambio radical que lleve a quienes apenas hace poco empuñaban las armas a sentarse en el mismo sillón que ocupa el presidente Juan Manuel Santos.

Ésta sin embargo no es la percepción de los ex dirigentes rebeldes, que han decidido apostar todas sus fichas a su reincorporación política y no descartan, incluso, llegar a la Presidencia, según declara a El Economista Pastor Alape, uno de los últimos miembros de las FARC llegados a La Habana para negociar la paz con el gobierno colombiano para poner fin a una guerra de más de 50 años.

Alape promete convertirse en una estrella ascendente en el firmamento político colombiano; dentro de las propias FARC trepó en el escalafón con la rapidez de un rayo. Ingresó a la cúpula de la organización luego de que quedó un puesto vacante a la muerte de Manuel Marulanda Vélez, Tirofijo, fundador de la guerrilla más antigua de América Latina.

Lo más difícil de convertirse en un partido político son las garantías que brinde el Estado para la acción política nuestra, para poder superar la marginalidad y sobre todo el uso de las armas por parte del Estado para doblegar y eliminar expresiones políticas y disidentes frente al establecimiento , señala con un estilo parco, como seleccionando cuidadosamente las palabras.

El desafío después de la dejación de armas es lograr en este momento de nuestra historia en Colombia el inicio de una verdadera transformación hacia un Estado moderno que garantice paz al país, una democracia amplia y liberal que permita asumir los desafíos que exige este siglo XXI , afirma.

Pastor Alape destaca que el escenario en el que hemos venido caminando es de mucha amplitud y aceptación sobre todo porque la gente del común ha visto en este proceso la posibilidad de integrarse a la acción social, de productividad y política .

Aceptación y futuro

Al referirse a si hay condiciones para conquistar el corazón de un importante sector de colombianos y si no tienen miedo de estrellarse con la indiferencia, Alape admite que todavía hay quienes apuestan a la confrontación y no desean que se lleve adelante el proceso de paz y la incorporación de los exguerrilleros a la actividad política pacífica.

Por supuesto que hay sectores a los que llamo minoritarios que tienen mucho poder, que son nostálgicos de la guerra y la violencia porque sus intereses están en esa apuesta de la guerra , señala, aunque sin mencionar nombres, pero se puede interpretar que detrás de esa alusión podría estar el expresidente Álvaro Uribe, el máximo detractor de los acuerdos de paz.

Sobre la oferta que plantean como partido político, afirma: Queremos ser una fuerza política que implique cambio, que pueda superar el miedo que hay en Colombia y que garantice la participación plena de la sociedad .

Alape desecha la posibilidad de que se les compare con el chavismo y dice: Nuestro modelo debe partir desde nuestra propia historia y realidad .

Desde el 2018, cuando debute en las elecciones, el partido emanado de las FARC tendrá garantizadas 10 bancas legislativas cinco en el Senado y cinco en la Cámara Baja a menos que gane más en las votaciones hasta el 2026, y se beneficiará con financiación estatal para sus actividades proselitistas, aunque esto se sujetará a que cumplan con el calendario para dejar las armas y reúnan los requisitos especiales contemplados en la ley.

Por ello, Alape indica que el principal punto de agenda como partido es garantizar que el acuerdo de paz no va a sufrir transformaciones y se va a respetar como se acordó .

También lo es acabar con una de las causas que dañan fuertemente a Colombia, que es la corrupción , añade, pero en todo casi aclara que a finales de agosto se decidirá la ruta concreta de nuestra participación electoral .