El presidente izquierdista de Nicaragua, Daniel Ortega, asumió este lunes su cuarto mandato consecutivo castigado por nuevas sanciones de Estados Unidos pero apoyado por China y Rusia.

Con un "sí, lo juro" respetar la Constitución y las leyes, Ortega recibió la banda presidencial del titular del parlamento Gustavo Porras, en una sesión solemne con presencia de los presidentes aliados de Venezuela, Nicolás Maduro; de Cuba, Miguel Díaz Canel y el mandatario saliente de Honduras, Juan Orlando Hernández.

Horas antes Washington dio nuevas muestras de su rechazo a Ortega al anunciar sanciones contra seis altos funcionarios nicaragüenses e insistir con que fueron una "farsa" las elecciones ganadas en noviembre con su esposa Rosario Murillo nuevamente como vicepresidenta.

"El régimen de Ortega-Murillo continúa con su sometimiento de la democracia al organizar unas elecciones falsas, silenciar a la oposición pacífica y detener a cientos de personas como presos políticos", según el departamento del Tesoro.

En su discurso inaugural, Ortega, de 76 años, ironizó sobre las sanciones de Washington. Dijo que fue una "condecoración" la impuesta a la presidenta del Consejo Supremo Electoral Brenda Rocha, una de las funcionarias sancionadas este lunes por Estados Unidos junto a dos de sus hijos.

En los últimos tres años Estados Unidos y la Unión Europea lanzaron nuevas sanciones contra familiares, allegados, funcionarios y algunas entidades de Nicaragua como la Policía y la Fiscalía, por corrupción y violación a los derechos humanos.

Washington y Bruselas consideran que no fueron "democráticas" las elecciones del 7 noviembre, en las que Ortega resultó reelegido con los principales opositores presos o en el exilio.

 

 

Varios países latinoamericanos a través de la Organización de Estados Americanos (OEA) han desconocido también la legitimidad de los comicios y demandado la liberación de los opositores presos.

Las acciones de la comunidad internacional han sido calificadas por el gobernante sandinista como "agresiones" contra su país.

También ha acusado a Estados Unidos y a la UE de "injerencia" e "irrespeto a la soberanía", y en noviembre pasado pidió iniciar un proceso para retirar al país de la OEA.

Rusia y China

Manuel Orozco, analista y miembro de Diálogo Interamericano, dijo a la AFP que Ortega y Murillo inauguran su mandato "no sin desafíos" debido a la presión internacional, el descontento ciudadano, una situación socioeconómica gravemente deteriorada y una fuerte disidencia entre su base gubernamental y la élite sandinista.

Ortega trata de equilibrar esos desafíos acercándose a Rusia y a China, pero sin efectuar cambios políticos en lo interno, conservando el aparato represivo y manteniendo a los presos políticos como tarjeta de transacción, apuntó Orozco.

En ese contexto, Ortega reanudó relaciones diplomáticas con China el 9 de diciembre, tras deshacer los nexos que el país mantuvo por más de 30 años con Taiwán y reconocer el principio de "una sola China".

El restablecimiento de relaciones con Pekín vino acompañado por una donación de miles de vacunas y, tres semanas después, la apertura en Managua de la embajada del país asiático.

También estrechó sus lazos con Moscú, que le ha proporcionado una amplia cooperación, desde trigo, vacunas contra Covid y autobuses para renovar transporte colectivo hasta una estación satelital.

Los invitados a la ceremonia

Los presidentes de Cuba, Miguel Díaz-Canel, y de Venezuela, Nicolás Maduro, son los dos jefes de Estado presentes en la ceremonia de juramentación de su amigo y aliado, Ortega.

Al acto asistieron delegaciones de Bolivia, México, Palestina y República Árabe Saharaui Democrática.

El presidente de China, Xi Jinping, nombró como enviado especial a Cao Jianming, vicepresidente del Comité Permanente de la Asamblea Popular Nacional del gigante asiático.

También asistieron invitados de Rusia, Irán, Corea del Norte, Siria, Belice, Vietnam, Laos, Camboya, Angola, Turquía, Bielorrusia, Turquía, Egipto, Malasia y Yemen.

El nuevo mandato y los presos

La liberación de unos 160 opositores presos pesará en las decisiones que adopte Ortega en el comienzo de su cuarto mandato, según Orozco y la poetisa y disidente sandinista, Gioconda Belli.

Más de 40 opositores, periodistas y críticos del gobierno fueron detenidos entre junio y diciembre de 2021, incluidos siete potenciales rivales de Ortega en las elecciones de noviembre.

A este grupo se suman otras 120 personas que están encarceladas por participar en las protestas del 2018, cuya represión dejó 355 muertos y más de 100,000 exiliados, según Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

El gobierno considera que los detenidos son "criminales" que se organizaron para un golpe de Estado con ayuda de Estados Unidos.

Orozco estima que "será difícil (para el gobierno) no abrirse" a las exigencias de la comunidad internacional de liberar a los opositores, mientras que Belli cree que "sería un gesto importante nacional e internacionalmente", aunque "dudo que lo haga".

Ortega gobernó por primera vez en los años 1980 luego de ayudar al FSLN a derrocar al dictador Anastasio Somoza con una revolución en 1979.

Desde que retornó hace 15 años al poder, la oposición le acusa de "nepotismo" y de instaurar una "dictadura".