En foros y publicaciones recientes me he percatado del temor que enfrentan diversas disciplinas, sobre el futuro de su utilidad ante la inminente aparición de la tecnología y, puntualmente, la inserción laboral de la inteligencia artificial (IA) en sus ramos. Parece que aquel recelo tecnológico permitió la gestación de publicaciones como ¡Sálvese quien pueda! del periodista Andrés Oppenheimer, o bien, El empleo del futuro. Un análisis del impacto de las nuevas tecnologías en el mercado laboral de Manuel Alejandro Hidalgo (España). Ambas obras de un rigor académico digno de emular y coincidentes en varias premisas, entre las que destacan: i) la automatización tiende a cambiar el ritmo laboral de las empresas, y ii) existen algunas profesiones manuales que desaparecerán con la automatización.

En la obra del maestro Oppenheimer, se investigan varios escenarios en los cuales la tecnología supo ganarse un lugar fundamental en la reducción de procesos manuales, verbigracia: gobernabilidad, hospitalidad, política e impartición de justicia.

Alrededor del globo algunas legislaciones ya apuestan por la reducción de procesos manuales al aceptar la incorporación de pruebas informáticas, la posibilidad de implementar testamentos digitales, así como la validación de contratos inteligentes. Sin duda, es un gran paso en la comprensión del comportamiento humano, al acelerado progreso tecnológico que enfrenta. De esta manera, la informática jurídica (o jurismática) crece como ciencia de aplicación y estudio en despachos, academias y procesos judiciales.

En la aplicación de IA para brindar asesorías, ya existen casos de éxito como Ross y Max. El primer aludido es un algoritmo programado (Canadá) en el ambiente de Watson, de IBM, y que se autoproclamó como el primer abogado robótico con capacidad de memorizar procesos y leyes; ello le permitió ser contratado por el despacho Baker & Hostetler (Estados Unidos de América), para conocer la probabilidad de éxito ante posibles reclamaciones financieras en tribunales1. El segundo es un proyecto mexicano digno de difundir como la primera inteligencia artificial que resuelve dudas en materia laboral y constitución de empresas, concebida por el equipo de Fractal Abogados.

A nivel judicial, el gobierno chino implementó el Proyecto 206 que permite a los fiscales anticipar el éxito de la judicialización de su causa, a su vez, el gobierno británico implementó una prueba de la mano de la University College London, a través de la cual pretendió pronosticar probables decisiones en la Corte Europea de Derechos Humanos, en materia de tortura, trato degradante y debido proceso, mediante el procesamiento de 584 casos similares. Sin embargo, ¿realmente hablamos de IA o únicamente estadística y modelación aplicada?

La incipiente aplicación de la IA e informática jurídica en proceso, no permite concluir que pronto tendremos máquinas sustituyendo jueces, tal como lo sostiene el doctor Jordi Nieva Fenoll en su obra Inteligencia artificial y el proceso judicial, pues la IA únicamente opera como auxiliar en la toma de decisiones: no condena y no dicta sentencia2. Es inconcuso que, a pesar de la relevancia de la informática jurídica en la labor judicial, ¡no es momento de parar las prensas! Tendremos abogados y jueces, por un par de lustros más.

1 VALENZUELA, Isabel. Conoce a Ross, el primer abogado robot que defiende a sus clientes utilizando Inteligencia Artificial. España, 2016. VIX. Tecnología. Visible el 31 de enero de 2019 a través del vínculo https://www.vix.com/es/btg/tech/63035/conoce-a-ross-el-primer-abogado-robot-que-defiende-a-sus-clientes-utilizando-inteligencia-artificial.

2 NIEVA FENOLL, Jordi. Inteligencia artificial y proceso judicial. España, 2018. Primera Edición. Editorial Marcial Pons. Introducción, página 16.