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Los once pasos para poner tus finanzas en orden (Parte 1 de 4)

Joan Lanzagorta | Patrimonio
En este espacio siempre he mencionado que el dinero es sólo una parte de nuestro plan de vida. Pero es importante porque lo necesitamos para todo: desde cubrir nuestras necesidades más básicas, como comer o vestir, hasta alcanzar muchas de las cosas que son importantes para nosotros.
Pero no es lo único importante. Para tener una vida sana, plena y feliz, necesitamos equilibrio. Por ejemplo: una buena salud requiere alimentación balanceada y actividad física. Nuestra calidad de vida también requiere que seamos capaces de nivelar el tiempo que le dedicamos al trabajo, a las relaciones sociales, a la familia y a nosotros mismos.
El dinero es parte de este equilibrio. Es importante, pero no es lo único importante. Si no lo manejamos en armonía con nuestras necesidades y prioridades, nos puede causar mucho estrés y meternos una presión que no necesitamos.
A mucha gente le cuesta trabajo alcanzar una buena relación con el dinero porque ha aprendido vicios en casa y ha vivido momentos de connotaciones financieras negativas. A veces avanzar requiere desprenderse de ellos, y eso se logra poco a poco, adquiriendo hábitos más saludables.
Porque en realidad, como he explicado varias veces, construir un patrimonio es bastante sencillo: se requiere simplemente ahorrar una parte de nuestro ingreso, siempre, con constancia y disciplina; invertir ese dinero de manera inteligente durante toda la vida en un portafolio diversificado que tome en cuenta nuestros objetivos de inversión y nuestra tolerancia al riesgo; no adquirir deudas y no olvidarnos de proteger lo que estamos construyendo.
En esta serie te voy a enseñar a construir estos hábitos a partir de once pasos. Estos son los dos primeros:
1. Conoce tu punto de partida.
Eso significa hacer un balance personal, que no es más que una fotografía de cómo están tus finanzas personales hoy.
Necesitas conocer lo que tienes (tus activos) y lo que debes (tus pasivos). Hoy en día es muy fácil. Basta con entrar al portal de las instituciones financieras con las que trabajamos y sacar el saldo de todas nuestras cuentas.
No hay que poner el valor actual de nuestros autos a menos que los estemos pagando (es decir, que haya un crédito automotriz). En este caso podemos ir a algún portal especializado o a un sitio de compraventa de autos seminuevos y obtener un valor estimado. El auto es un bien que pierde valor mes a mes, así que sólo es una referencia.
Si somos dueños de un inmueble, vale la pena poner su valor aunque ya lo hayamos terminado de pagar. También podemos darnos una idea de en cuánto está el valor del metro cuadrado en nuestra zona visitando portales inmobiliarios (o viendo en cuánto se están vendiendo propiedades similares a la nuestra).
El balance personal nos permite saber muchas cosas, por ejemplo, el tamaño de nuestro patrimonio (que no es más que una resta: lo que tenemos menos lo que debemos). Pero también podemos tener un panorama claro de qué tan endeudados estamos y a qué plazos.
Ahora bien, el balance personal no es un ejercicio de una sola vez. Su verdadero valor aparece cuando lo repites. La diferencia entre la foto de hoy y la del año pasado, o el cambio mes a mes, te dice si estás avanzando de verdad. Afortunadamente, hoy en día muchas apps de finanzas personales te permiten ver esa evolución en tiempo real.
2. Conoce en qué gastas y en dónde se te va el dinero.
Parece mentira, pero hay muchísima gente que en realidad no lo sabe. Además, cuando les preguntas, tienden a subestimar cuánto gastan en muchas categorías: se les va bastante más dinero del que piensan. Diversos estudios lo han comprobado. Es como caminar a ciegas.
Por eso, si no llevas un registro en una app, en un papel o en una hoja de cálculo, saca tus recibos y estados de cuenta y empieza a hacerlo.
Es importante mencionar que hacer un registro de gastos, por sí solo, no te resuelve nada. Pero sí te ayuda a conocerte mejor y te da información poderosa que te servirá más adelante para construir un plan de gastos que sí te funcione.
Al final, en eso consisten estos dos primeros pasos: en saber en dónde estás parado (cuál es tu situación financiera actual) y cómo sueles gastar tu dinero. Así conoces tu punto de partida.
En la segunda parte empezaremos por explorar cuál es tu destino: qué es importante para ti, qué quieres construir en tu vida, a dónde quieres llegar.

