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Finanzas Personales

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“A mí no me va a pasar" es jugar a perder

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Joan Lanzagorta | Patrimonio

Joan Lanzagorta

Hace poco, un lector me comentó que no tiene seguro de gastos médicos mayores y se siente bien con esa decisión. Dice que son muy caros y prefiere ahorrar e invertir ese dinero: que trabaje para él y no para la aseguradora. Añade que él cuida mucho su salud: come bien, hace ejercicio y casi nunca se enferma. Así que no lo necesita.

Me parece que es un gran error y se lo dije: hay muchas cosas que no está considerando. Como estoy seguro de que él no es el único que piensa así, he pensado compartir mi visión y mi perspectiva en esta columna.

El seguro de gastos médicos no es simplemente para pagar enfermedades. Es para tener opciones, sobre todo cuando sucede una enfermedad grave, o incluso un accidente.

En México hay un sistema de salud público fragmentado que, lamentablemente, tiene muchas carencias. Siempre te puedes atender en el IMSS o el ISSSTE según te toque, o en alternativas estatales. Pero estás limitado a lo que esos sistemas te puedan brindar.

Si no hay medicinas disponibles, si no hay recursos para darte el tratamiento que necesitas, o continuar con el que ya tienes, te verás obligado a buscarlo en otro lado y a pagarlo de tu bolsillo.

Es una realidad muy triste, desearía que no fuera así, pero es lo que es. Eso sin hablar de la diferencia en la calidad de la atención y el servicio que encuentras en un lugar que tiene muchos más recursos para atenderte mejor.

Esto tiene, sin embargo, un gran problema: el costo de los servicios en el sector privado, particularmente si requieres tratamientos de alta especialidad, es muy elevado.

Te voy a dar algunos números para dimensionarlo. Una simple apendicitis, en un hospital privado de categoría media-alta, te puede costar fácilmente 100,000 pesos o más (incluyendo honorarios médicos).

Aunque es mucho dinero, algunas personas sí podrían pagar esto con sus ahorros. Pero si te toca algo más grave, como un internamiento de tres o cuatro días que requiera terapia intermedia más una cirugía, fácilmente llegas al medio millón de pesos. Aún si nunca te habías enfermado y estabas completamente sano la semana anterior.

Si te diagnostican cáncer, una sola dosis del medicamento Keytruda, utilizado en inmunoterapia oncológica, cuesta cerca de 100,000 pesos el frasco (más el costo de la infusión) y la dosis estándar requiere dos frascos cada tres semanas. Un tratamiento completo puede costarte varios millones de pesos.

Créeme: si te pasa esto y no tienes opciones, te vas a arrepentir. Un buen seguro de gastos médicos mayores te las da.

Es cierto que hay enfermedades, como la apendicitis, que con esfuerzo sí podrías pagar de tu bolsillo de manera puntual. Pero estas son excepciones, no la regla. Incluso si lo hicieras, significaría distraer recursos que tendrían otro propósito: como construir un patrimonio para tu retiro o para pagar otras cosas que son importantes para ti.

Pero en la mayoría de los casos, no hay patrimonio que aguante. Aún si tuvieras uno muy grande, lo inteligente sería protegerlo con un buen seguro.

Ahora bien, como todos sabemos, las primas de un seguro de gastos médicos crecen con la edad y lo hacen de manera significativa. Dependiendo del tipo de cobertura, nivel hospitalario y tabulador de honorarios médicos que hayas elegido, las primas en edades avanzadas pueden llegar, fácilmente, a varios cientos de miles de pesos al año. Mucha gente que estuvo asegurada toda su vida, de repente ya no puede pagar.

Precisamente por eso es tan importante construir patrimonio desde temprano: para poder seguir pagando el seguro cuando más lo necesitas. Y no distraerte pagando de tu bolsillo tratamientos que pueden erosionar esa construcción.

Lo que sí es importante, más que “evitar” pagar un seguro, es elegir uno que funcione para tu situación, porque hay una gran variedad de opciones. Hay distintos niveles hospitalarios y tabuladores de honorarios médicos que definen, en gran medida, en dónde o con quién te puedes atender y cuánto te va a costar.

Pero también es fundamental fijarte en el límite de tu póliza, el deducible y coaseguro. El límite es muy importante: uno demasiado bajo puede agotarse en un tratamiento prolongado o una enfermedad de alto costo. Siempre he pensado que uno debería contratar el más alto posible.

Por otro lado, la gente asume que un deducible bajo es mejor: eso es un error común. Un deducible mayor implica una prima menor. El fondo para emergencias es precisamente para aguantarlo sin problemas.

No contratar un seguro que sí necesitas no es ahorrar: es apostar a que “a ti no te va a tocar”. ¿Y si sí?

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Joan Lanzagorta

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia. Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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