Para muchas personas el hábito del ahorro es muy complicado de forjar y es una práctica que no tienen incorporada en su día a día. De acuerdo con la última Encuesta Nacional de Inclusión Financiera 2018, solamente 15% de la población ahorra de manera formal.

Para combatir la ausencia de este hábito, existen algunos métodos o retos diseñados especialmente para dar ese primer paso y empezar a apartar una parte de los ingresos de una manera sencilla. Algunos de estos desafíos usan diferentes herramientas como una botella, sobres o alcancías, los cuales buscan ser divertidos y fáciles para llevarse a cabo.

Estos retos tratan de incentivar el ahorro y puede ser una buena idea implementarlos para empezar a adquirir disciplina y constancia. Es importante tener un objetivo claro y llegar a la meta; de lo contrario pueden no tener el efecto esperado y desmotivar a las personas a continuar con ellos.

De acuerdo con la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef), este tipo de retos o prácticas es una forma de generar el hábito del ahorro; con ellos se busca comenzar con pequeñas cantidades y en periodos cortos.

¿En qué consisten?

Principalmente, estos desafíos aparecen en blogs especializados o redes sociales y entre los más comunes destacan el reto de las 52 semanas, el de los sobres, el de los 100 días, el de los 10 pesos y la botella. Aunque cada uno tiene sus reglas y métodos específicos todos tienen en común ayudar a las personas a guardar una parte de sus ingresos para utilizarlos en un futuro.

Por ejemplo, el de las 52 semanas consiste en que el ahorrador sume 10 pesos y que esa cantidad se incremente cada semana, es decir, la primera semana ahorrará 10 pesos, en la segunda 20 pesos, en la tercera 30 pesos y así sucesivamente hasta cumplir el año, que son 52 semanas, al final se espera que tenga una cantidad de más 13,000 pesos.

Mientras que el reto de los sobres consiste en que el interesado debe comprar 100 sobres y enumerar cada uno, revolverlos y colocarlos en una caja. Cada día deberá sacar un sobre y colocar la cantidad de dinero correspondiente al número del sobre, de esta manera podrá haber ahorrado aproximadamente 5,000 pesos de una manera sencilla.

Para la doctora en Economía del Tec de Monterrey, Leticia Armenta, estos retos en realidad se pueden considerar como una estrategia para el bolsillo y dependerá de cada persona, de acuerdo con sus ingresos y propósitos, establecer cuál es la mejor o la que más se adapta a su bolsillo para que rinda frutos en un futuro.

Sin embargo, destacó que este tipo de prácticas sólo funcionan cuando las personas están convencidas de ahorrar y apartar una cantidad específica, de lo contrario, pueden sentirse frustrados por no llegar al propósito de solamente ahorrar por ahorrar.

“Por más mecanismos que se le sugiera al usuario, cuando la persona no tiene la convicción de ahorrar, ningún reto funciona. Todas estas estrategias se diseñan para ayudar, pero primero que nada se debe tener la convicción de ahorrar”, aseguró en entrevista.

A su vez, Gerardo Aparicio, director de la Escuela Bolsa Mexicana de Valores, precisó que para muchos principiantes cuesta trabajo adecuarse a estos desafíos ya que es una práctica que no tienen arraigada, además de que al principio se inicia con ánimo, pero conforme transcurre el tiempo se baja el entusiasmo y deriva en no continuar. 

Señaló que para que estos retos en verdad se cumplan es necesario que los ahorradores “hagan repeticiones frecuentes” de una actividad, y en este caso en el tema de ahorro, si las personas incorporan esta práctica de manera seguida por tres meses se considera que ya forma parte de su rutina diaria.

Desventajas

Para los especialistas, ahorrar es sano para el bolsillo pero el problema de estos retos es que incentivan el ahorro informal, además de que el dinero ahorrado pierde su valor a causa de la inflación y al estar al alcance de la mano, le pude ganar la tentación de utilizarlo en vez de ahorrarlo.

La académica del Tec de Monterrey indicó que los usuarios no se dan cuenta que cuando el dinero está inactivo (como guardarlo abajo del colchón o en el cochinito) pierde su valor debido al impacto de la inflación y no genera rendimientos.

montserrat.galvan@eleconomista.mx