Muchas personas piensan que el riesgo en las inversiones es la posibilidad de perder dinero. En realidad no es así: el riesgo simplemente es una medida de volatilidad. De esta manera una inversión muy estable (por ejemplo, un pagaré a 28 días con tasa fija) se considera de bajo riesgo, mientras que una volátil (como invertir en acciones que cotizan en la Bolsa Mexicana de Valores) se considera de alto riesgo, porque el precio de estos activos se cotiza todos los días, y en ocasiones las variaciones son muy amplias.

Si pensamos en términos no financieros, poner un negocio propio puede ser igualmente una inversión de muy alto riesgo, ya que tenemos poca certeza si funcionará o no. Si lo hace, la recompensa puede ser muy positiva.

Por lo general, los mexicanos tenemos aversión al riesgo. Nos asusta invertir, pensamos que es complicado y no queremos arriesgar nuestro dinero. Sin embargo, muchos de los que deciden dar el paso lo hacen sin medir las consecuencias: dan un salto al vacío. Eso definitivamente no es bueno. Se vale tomar riesgos y de hecho hay que hacerlo, pero deben ser riesgos medidos. Debemos saber qué es lo que podemos esperar hacia el futuro y sólo dar ese paso si podemos vivir con las consecuencias si las cosas no salen como esperábamos.

De esta manera, una inversión es más riesgosa cuanto más volátil sea. ¿Qué es la volatilidad? Se puede definir, en términos muy intuitivos, como la variabilidad sobre el rendimiento esperado de nuestra inversión. Para seguir con nuestros ejemplos, un pagaré a 28 días con una tasa fija tiene una volatilidad casi nula: esa inversión cada día valdrá más, hasta su vencimiento. Los rendimientos son completamente conocidos y predecibles.

Pero cuando invertimos, por ejemplo, en distintas acciones de la Bolsa Mexicana de Valores, ellas suben y bajan todos los días. A largo plazo podemos saber qué esperar: la historia nos lo dice, en general este tipo de inversiones, en el largo plazo, ofrecen un rendimiento entre siete y 10 puntos porcentuales por arriba de la inflación, en ocasiones incluso más. Pero es incierto y en el corto plazo habrá periodos de fuertes alzas y también de bajas muy importantes.

La buena noticia es que el riesgo es una variable que podemos medir y decidir si es o no para nosotros. También lo podemos manejar a través de la diversificación. En otras palabras podemos construir un portafolio, combinando distintos tipos de activos, para conseguir una volatilidad que podemos aceptar. De hecho, hay infinidad de portafolios posibles que pueden comportarse durante todo el tiempo con un riesgo acotado. Así, toda la teoría de inversiones está basada precisamente en buscar aquella combinación que sea capaz de maximizar nuestro rendimiento esperado, dado el nivel de riesgo que hemos decidido asumir.

Se dice fácil y con ciertas simplificaciones lo es: todo el mundo puede lograrlo sin necesidad de ser experto.

Hay muchísimos portafolios modelo que resisten la prueba del tiempo. Lo que sí es una realidad es que a mayor riesgo, mayor será el potencial de rendimiento (aunque no siempre, también es posible construir portafolios de altísimo riesgo y un rendimiento mediocre, si no sabemos lo que estamos haciendo).

¿Cómo saber qué nivel de riesgo es aceptable para nosotros? Esta pregunta sí que no es fácil de contestar, porque nuestra tolerancia al riesgo cambia con el tiempo y con la cantidad de dinero que invertimos. Por ejemplo, si alguien invierte 1,000 pesos en la Bolsa y de repente empieza una crisis mundial que genera caídas en los mercados de 40% en promedio, quizá después del primer mes el valor de su portafolio sea de tan sólo 600 pesos.

Esta persona podría decir: Bueno, me fue mal, pero 400 pesos menos no es mucho dinero . Imagínense si hubiese invertido 10 millones: estaría posiblemente muy asustado y ese miedo le haría vender todo en el peor momento (cuando quizá tendría que estar comprando más, ahora que las acciones han caído tanto y están baratas). La naturaleza humana es muy curiosa sin duda.

Desde luego, podemos tener una idea de nuestra tolerancia al riesgo a través de los cuestionarios de perfilamiento, aunque muchos de ellos son un chiste y están diseñados exclusivamente para cumplir con la regulación y no para ayudar al cliente.

Lo más importante es siempre saber qué esperar. Si de antemano sabemos que una caída de 50% en el valor de nuestro portafolio puede ser posible, pero también que nuestro horizonte de inversión es mayor a 20 años y los mercados se suelen recuperar (siempre lo han hecho) hay personas que podrían tolerarlo y mantener disciplina. Hay otras que prefieren dormir más tranquilos por las noches, teniendo un portafolio de menor volatilidad, aceptando rendimientos potenciales quizá menores, pero también más estables.

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