El 2015 se puede ser un año con movimientos muy bruscos en los mercados, como los que vividos a finales del 2014. Esta volatilidad se va a manifestar por la combinación de claros y oscuros que permeará la economía internacional.

Por un lado, la fortaleza de la economía de Estados Unidos propiciará que se acelere el cambio en su política monetaria por parte de la Reserva Federal, con aumentos en sus tasas de interés, después de años de mantenerlas en niveles cercanos al cero.

Por otro lado, contrasta con la desaceleración en China, la economía que ha impulsado durante años a gran parte del mundo, con el consumo de grandes cantidades de materias primas y petróleo de países en desarrollo. Sin embargo, su papel como motor global se desvanece a medida que se desacelera su crecimiento, en tanto que muchas economías resentirán los efectos.

Europa tiene riesgos de estancamiento en su crecimiento y de niveles de inflación muy bajos. Estos síntomas de riesgo parecen indicar que el 2015 será el año de la expansión cuantitativa por parte del Banco Central Europeo, que puede resultar como pasó en Estados Unidos siendo revulsivo para la economía y también para las bolsas. También el fantasma de la inestabilidad política en Grecia puede sembrar incertidumbre en los mercados por el posible triunfo de la izquierda radical en los comicios del 25 de enero, que hace resurgir el temor de una salida del euro.

Sumamos a la incertidumbre del crecimiento de las principales economías el elemento que más ha aumentado la volatilidad en los últimos meses, que es la caída del precio del petróleo: desde junio el barril de crudo ha caído más de 40 por ciento. De continuar así, podríamos encontrarnos ante un nuevo ciclo de precios bajos como el experimentado a finales de los 80, donde fue casi imposible anticipar cómo evolucionarán los precios.

La menor demanda de petróleo derivada de la desaceleración de las economías (sobre todo Europa y China), y el intenso debate sobre el impacto en los precios por el aumento de la producción de hidrocarburos no convencionales por parte de Estados Unidos, lo colocan como el segundo productor del mundo, sólo detrás de Arabia Saudita, quien ha optado por no recortar la producción para elevar los precios, pues es consciente de que si el barril se mantiene barato, los incentivos para desarrollar energías renovables e hidrocarburos no convencionales son menores, lo que perpetúa su posición de dominio en el mercados.

Todos estos factores, además de temas geopolíticos y los que se vayan acumulando en el año, sumarán incertidumbre al mercado. Probablemente los inversionistas que no entren en pánico y sepan sortear la volatilidad a través de la diversificación, protección de capital y de la gestión activa de estrategias y riesgos podrán ser recompensados con rendimientos atractivos.

Un instrumento donde podemos encontrar estas características son las Notas Estructuradas, ya sea al invertir en directo en estos instrumentos o a través de fondos de inversión estructurados, que son instrumentos donde el inversionista tiene a su disposición estructuras óptimas que se adecuan a ciertas estrategias de mercado y a los riesgos que esté dispuesto a tomar.

Estos instrumentos pueden estar ligados al comportamiento de un activo o canasta de activos. La flexibilidad de las notas es tal que se adaptan a sus necesidades, logrando rendimientos superiores a los de productos tradicionales y la protección del capital, donde sólo se arriesga una parte o la totalidad de los intereses; y en caso de buscar un mayor rendimiento, se puede optar por diferentes grados de protección de capital de acuerdo con su perfil de inversión y también por estructuras que paguen cupones o una parte de los intereses en un determinado tiempo.

Lo recomendable para invertir en estos instrumentos es hacerlo a través de entidades sólidas, con experiencia y reconocimiento en el manejo de ellos.

El autor trabaja en Banca Patrimonial y Privada–Estratega de Fondos en BBVA Bancomer.