Las virtudes y los vicios no ?son pasiones; tampoco son facultades; ?son hábitos .

Aristóteles

Todos los que tenemos hijos, sobrinos, nietos o ahijados por quienes nos preocupamos deseamos que desarrollen buenos hábitos en su vida. Esperamos que, a partir de nuestras palabras, de nuestro ejemplo y de la educación que les demos, aprendan a tomar las decisiones y a hacer las cosas que más les convienen en todos los aspectos de su vida.

Pero, en lo que se refiere a la conducta humana, el sólo reconocimiento de lo que nos conviene no necesariamente nos lleva a hacerlo; además de que la forma en la que decidimos hace que con frecuencia no seamos capaces de distinguir realmente el camino adecuado.

En los temas financieros, existen estudios que demuestran que una mayor proporción de niños que proviene de familias disciplinadas en cuanto al manejo de sus recursos se convierten en adultos también disciplinados comparado con la proporción de aquellos que vienen de familias con poco orden. Pero ¿esto es por el ejemplo que reciben de sus padres? No, si entendemos por ejemplo el que mis padres hagan cosas y yo los veo. Lo que genera conductas adecuadas (en términos financieros o de cualquier otro tipo) es la generación de hábitos. Y los hábitos, buenos o malos, sólo se generan a través de la repetición sistemática de conductas en forma personal.

Un joven empieza a fumar al ver a otros jóvenes hacerlo, pero sólo se hace fumador al repetir cotidianamente la conducta de fumar hasta que ésta se convierte en hábito. De la misma manera, yo puedo ser hermano de Michael Phelps y no me bastará el ejemplo de verlo entrenar diariamente para que yo también lo haga.

En uno de los contados estudios que se han realizado sobre el tema del ahorro en jóvenes, los investigadores Payal Pathak, Jamie Holmes y Jamie Zimmerman encontraron que la sola disponibilidad de medios de ahorro o la información y educación que se tiene sobre los mismos no se traduce en una mayor orientación de los jóvenes hacia el ahorro. Evidentemente ayudan, pero no son suficientes. Si no se propician conductas concretas, no se generarán los hábitos deseados.

TRES FACTORES QUE AYUDAN

Hay tres factores que destacan para fomentar la creación de hábitos de ahorro adecuados en los jóvenes, los llaman nudges: codazos o pequeños empujones; es decir, mecanismos de refuerzo para incentivar la conducta deseada.

• Recordatorios: son acciones que realizamos de manera frecuente y constante para recordar a nuestros hijos la importancia de mantener la conducta que se trasformará en hábito. Trata de recordar algún tema en específico que tu propia madre te recordaba diariamente y dime si no generó algún tipo de hábito asociado.

• Compromisos y presión social: se refiere a la necesidad de establecer compromisos concretos que estén sujetos a verificación y a presión en caso de que no ocurran. Un ejemplo es la creación de un objetivo de ahorro con tus hijos y competencias en las que quien lo cumpla tenga un reconocimiento frente a los otros.

• Acciones automáticas. Se ha comprobado que el establecimiento de medidas automáticas apoya la generación de hábitos de ahorro. Por ejemplo, entre empleados de compañías, ahorran más aquellos que tienen un programa que les descuenta de forma establecida una cantidad concreta que aquellos que cada mes deciden si ahorran o no.

Es fundamental que en la educación financiera de los jóvenes y niños no pensemos que es suficiente con darles un ejemplo o educarlos con información.

Si no creamos y fomentamos conductas concretas, no tendrán los hábitos que los ayuden a tener una vida adulta financieramente sana.

*El autor es politólogo, mercadólogo y especialista en economía conductual. Es Director General de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo.

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