Al momento de contratar un seguro, un crédito o una tarjeta, uno de los requisitos fundamentales es la firma del contrato en donde se estipulan los derechos y obligaciones de ambas partes.

Ya sea por la emoción, desconocimiento, nervios o prisa, muchas personas no leen este documento tan importante y después, al ocurrir un incidente o problema, se dan cuenta que todas las condiciones y cláusulas vienen explicadas en las hojas firmadas.

Aunque no se necesita ser un experto o un abogado para entender todos los términos o palabras que vienen en él, lo recomendable es revisar y leer detenidamente antes de firmar, preguntar sobre algún concepto que no quede del todo claro y saber a grandes rasgos lo que engloba y estipula dicho documento. 

De acuerdo con la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) un contrato se compone por carátula y el cuerpo del contrato; en el caso de los seguros incluyen la carátula de la póliza, condiciones generales y endosos.

La estructura de un contrato puede variar dependiendo del tipo de institución financiera y de sus productos, sin embargo, todos deben contar con derechos, obligaciones, beneficios y restricciones sobre el uso del producto o servicio contratado.

Gerardo Obregón, director general de la fintech Prestadero, señaló que lo primero a revisar con detenimiento es la carátula ya que en la primera hoja se establecen los términos y condiciones más importantes, así como los datos completos del contratante. 

Recordó que la mayoría de los productos y servicios que ofrecen las instituciones financieras tienen contratos de adhesión autorizados y monitoreados por la Condusef, por lo que en caso de quejas o incumplimientos se puede acudir a dicha comisión.

Si por ejemplo tiene duda de la tasa, monto o plazo, todo eso debe estar estipulado en la carátula. Ahí también deben venir los datos generales del contratante y revisar que la información está correcta”, afirmó.

Entre las condiciones que también se deben revisar se encuentran algunas relacionadas con las penalizaciones, pago anticipado y la tabla de amortización, la cual se maneja como un anexo y suele aparecer al final del contrato.

Hay diferentes contratos

El tipo de producto o servicio financiero también influye en el contrato: no es lo mismo el documento para un crédito hipotecario que para un seguro o una inversión.

Yisroel Cimet, abogado y socio del despacho Cimet y Almazán, señaló que el producto o servicio determina el tipo de contrato y las cláusulas a revisar con mayor detenimiento, por ejemplo en el caso de los créditos es necesario pone más atención al monto y plazos acordados con la entidad otorgante. 

“De acuerdo con el producto a contratar, uno tiene que tomar en cuenta los términos y condiciones que se plasman en él. Hay diferentes productos y por ello, diferentes contratos, cada uno se va a ajustar al servicio contratado y la institución que lo autoriza, no es lo mismo contratar un crédito para una hipoteca que para una pyme”, afirmó.

Los expertos enfatizaron que cualquier término o dato que no quede claro, lo mejor es preguntar, aclarar todas las dudas y no firmar hasta tener claro cómo funciona el producto.

“Es importante leerlo y entenderlo antes de firmarlo. Es importante que cada persona conozca cómo opera el producto, porque si bien están bajo la supervisión de Condusef, es importante saber cómo funciona el producto, algunas cláusulas pueden impactar al usuario, sí es importante revisar estos términos”, afirmó Obregón.

Pida una copia de su contrato

En caso de que lo haya perdido o su contrato tenga manchas de café, puede solicitar una copia a la institución financiera, tanto en físico como en digital. En el caso de las fintech, el director de Prestadero reveló que los pueden descargar de manera digital a través de la aplicación o página web de la entidad.

En tanto, Cimet apuntó que el cliente tiene derecho a tener su contrato, sus estados de cuenta, recibos de pago o cualquier información vinculada con el producto o servicio y agregó que solicitar esta copia debe ser gratuito.

montserrat.galvan@eleconomista.mx