México no debe “engancharse” en una guerra arancelaria con Estados Unidos; por el contrario, debe apostar al libre comercio con el resto del mundo y volverse una operación de manufactura más global, que incluya fortalecer lazos con China, “ésa es la siguiente apuesta para crecer”, aseveró Manuel Molano, director adjunto del Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco).

“Si Estados Unidos nos impone aranceles, ya no tiene sentido cuidar la espalda a un socio que te acuchilla por la espalda, cada vez que puede y quiere”, expresó.

En esta etapa de proteccionismo comercial “no debemos darnos un tiro en el pie”, con o sin Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), México debe comprar insumos de China, India o Bangladesh para producir autos, electrónicos, fármacos, hasta ropa, con menores costos, al eliminar barreras arancelarias a estos países, para luego exportar a Estados Unidos aún con arancel de 25 por ciento.

Al presentar el estudio “Política Comercial de México en el siglo XXI”, Molano expresó: “las guerras comerciales no benefician a nadie y mucho menos a nuestro país que depende en gran medida del mercado estadounidense”.

El especialista económico indicó cinco escenarios del proteccionismo estadounidense; de los cuales, si las represalias comerciales se concentran contra EU, luego de que Trump aplicara un arancel de 35% a todo el mundo, “podría haber beneficios para EU en el corto plazo, pero no se sostendrían en el mediano”.

En este sentido, el gran perdedor será México por ser una economía pequeña y dependiente, que lo llevaría a restarle 0.7% en su Producto Interno Bruto (PIB), cuando EU repuntaría 2.9%, la Unión Europea 1.6% y el resto del mundo ganaría 1.3% en su PIB.

En un escenario dos, si ninguno de los países sigue a EU en su proteccionismo, México también resultaría perjudicado al perder 1% del PIB, aunque el mercado estadounidense perdería 6 por ciento.

“A EU no le conviene una guerra comercial con la UE, porque al ser potencias la lucha sería de tú a tú, donde EU perdería 3.1% del PIB, mientras que el bloque europeo se mantendría en 0.1% y México 0.4 por ciento”.

Por su parte, si México impone aranceles más altos al resto del mundo que el promedio global, EU crecería 6.8% y nuestro país 0.5% del PIB. Lo que indica que proteger a sectores domésticos que no son productivos, no es viable, “nos vuelve proteccionistas”.

“Es importante que México tome una lógica de estar abierto al mundo, de manera que podamos leer los precios relativos en sectores y encontrar el verdadero yo sobre las ventajas comparativas”.

“China subsidia el acero, pero no lo comprábamos porque era ‘mala onda’ con nuestro socio (EU) y nos parecía que esto comprometía la cadena de suministro de autos; en cambio, Trump nos impuso arancel al acero”, cuestionó el especialista en competitividad.

El Imco propone mayor importancia a la estrategia multilateral y bilateral de México. La estrategia comercial ha apostado a acuerdos regionales y bilaterales, pero poco a la estrategia multilateral.

¿Cómo enfrentar una guerra comercial? El IMCO propone:

  • Soft power contra el proteccionismo. La voz de México es influyente en los círculos comerciales. Hay que aprovechar ese poder.
  • Modular represalias comerciales. Nuestra respuesta a los agravios no puede convertirse en una nueva forma de proteccionismo.
  • No cerrar la economía mexicana. Tiene sentido abrir la economía incluso con países que producen cosas parecidas a las nuestras.
  • Represalias focalizadas. Solamente deben imponerse en productos donde hay alternativas de suministro y tienen que ser temporales.
  • Cuidar cadenas de valor. No debe haber represalias en sectores con fuertes encadenamientos.
  • Apostar al multilateralismo. La estrategia comercial de México históricamente ha apostado mucho a acuerdos regionales como el TLCAN, bilaterales como el TLCUEM o el Tratado con Japón, pero realmente poco a la estrategia multilateral.
  • Aprobar nuevos acuerdos comerciales. Puede ser un posible acuerdo con la Gran Bretaña, pero fortalecer la estrategia multilateral.

lgonzalez@eleconomista.com.mx