Las proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) de la evolución de la economía argentina para el año próximo son duras de digerir: la actividad se va a desplomar 1.3%, número que se modifica desde la anterior proyección, apenas tres meses atrás, que aún marcaba un optimista repunte de 2.2 por ciento.

Para la inflación, peor aún: el FMI prevé que el IPC va a trepar el año próximo hasta 39.2%, de acuerdo con el pronóstico anual a diciembre del 2020.

Lo hará tras cerrar este año en 57.3%, según las previsiones del FMI actualizadas y volcadas en el Panorama Económico Mundial (WEO, por su sigla en inglés) difundidas en Washington, en el arranque de su asamblea anual.

Estas previsiones se conocen en la víspera de los encuentros que el equipo económico, liderados por el ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, y el presidente del banco central, Guido Sandleris, van a mantener en Washington con los funcionarios del FMI entre este jueves y viernes.

Además de los encuentros a nivel técnico, el viernes tendrán la reunión más relevante del viaje a Estados Unidos: se verán con la número uno del FMI, la búlgara Kristalina Georgieva, y con el número dos, David Lipton.

Si bien desde el equipo económico se busca bajar el tono a la necesidad de destrabar el envío del sexto desembolso por 5,400 millones, las reuniones seguirán con ese norte como objetivo.

Panorama desalentador

El proyecto de presupuesto presentado en el Congreso contempla una subida de la actividad de 1% y una inflación de 34 por ciento.

Son, en cambio, similares a las de privados y a las del Banco Mundial en materia de actividad. El Banco Mundial actualizó la semana pasada sus previsiones y marcó una caída del PIB de 3.2% para este año y de 1.2% para el próximo.

Desde el FMI dijeron que “la contracción en Argentina continuó durante la primera mitad del año, aunque a un ritmo más lento, y los riesgos en el futuro son claramente a la baja debido al fuerte deterioro de las condiciones del mercado”.

Un capítulo del Panorama Económico Mundial del FMI identifica que los países en general tienen inflación baja y hasta por debajo de promedios históricos.

En varios párrafos se diferencia a Argentina de este grupo, que junto con Venezuela (aunque a porcentajes muy diferentes) son los que siguen con IPC elevados.

“No es sorprendente que, a medida que la expansión global se ha debilitado, la inflación subyacente se ha deslizado más allá del objetivo en las economías avanzadas y por debajo de los promedios históricos en muchas economías de mercados emergentes y en desarrollo”, sostiene el trabajo.

De esta manera, sostienen que esperan que la inflación en los mercados emergentes y las economías en desarrollo, excluyendo Venezuela, disminuya a 4.7% este año.