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Super Bowl LX: el touchdown de la integración

Enrique Campos Suárez | La gran depresión
Seguro que el Mundial 2026 nos va a dejar una postal de América del Norte unida. No sabemos si el soccer le puede bajar la tensión a los políticos en sus diferendos vecinales, pero sí vamos a estar muy distraídos con el balón.
Pero en lo que llega el Mundial estamos a dos días del kickoff de un partido de futbol que tiene muchos aficionados y muchos ganadores en México.
Que nadie me busque este domingo a partir de las cinco de la tarde porque en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California, se jugará el Super Bowl LX que ya dejó como resultado el touchdown de los aguacateros mexicanos.
A estas horas, más de 130,000 toneladas de aguacate mexicano y millones de litros de cerveza ya cruzaron la frontera, porque, con aranceles o no, en aquel país van a consumir 290 millones de piezas de la fruta, 90% mexicanos, y tomarán 1,232 millones de litros de cerveza, para los cuales gastarán 10,800 millones de dólares.
Hay una jugada en este deporte, que seguro veremos el domingo, llamada Play Action, que es la ejecución de un engaño para confundir a la defensa. Bueno, en la política binacional vemos con frecuencia este tipo de ejecuciones al estilo Play Action.
Los gobiernos de ambos lados ejecutan fintas mediáticas, amagan con cierres fronterizos, amenazan con el “masiosare” y gesticulan hacia sus bases electorales como si fueran a correr por la vía del aislacionismo. Y la defensa que muerde el anzuelo es la opinión pública y sus mercados financieros que se concentran en el choque frontal de la retórica.
Sin embargo, mientras todos miran la finta política, la jugada real se da por aire con una integración económica profunda con cadenas de valor bien integradas que logra anotaciones como las de los aguacateros.
Ahora, este juego no está exento de infracciones: interferencias, salidas en falso y hasta faltas personales, en fin. No siempre hay quien aviente el pañuelo para marcar la falta, pero ahí están y las provocan de ambos lados de la frontera.
Hay infracciones naturales de la cancha comercial, como las disputas del sector energético o los paneles por el maíz modificado genéticamente. Pero también hay jugadas de rudeza innecesaria, como proteger narcopolíticos o las redadas antiinmigrantes.
Una jugada que hizo avanzar varias yardas a la relación comercial bilateral fue el “Plan de Acción México-Estados Unidos sobre Minerales Críticos”, porque mientras las señales que se mandan desde la banca hablan de muros y aranceles, sale este pase estratégico para asegurar el futuro tecnológico de la región.
Sin embargo, el “libro de jugadas” de América del Norte ha demostrado una resiliencia a prueba de los más rudos arbitrajes.
Lo que vamos a ver este domingo en Santa Clara y este verano con la Copa del Mundo va más allá de una tregua artificial, sino la confirmación de que el bloque norteamericano, con Canadá incluido, es el quarterback más eficiente de la historia común de los tres países socios de la región.
Los políticos son, sobre todo en estos tiempos, impredecibles. Sin embargo, por lo que vemos en el terreno de juego comercial, las empresas y consumidores de los tres países celebran en la zona de anotación una jugada de integración irreversible.

