El plan fiscal de Donald Trump amenaza con profundizar la brecha entre los más ricos y los más pobres en Estados Unidos. El proyecto que implica reducciones impositivas cuenta con ventajas para el segmento poblacional de mayores ingresos. Reducir la tasa del impuesto sobre la renta de 39.6% a 35% representará un ahorro de 4.6% para los contribuyentes. No es lo mismo el 4.6% para alguien con ingresos anuales que superen los 500,000 dólares que el 4.6% de un ingreso anual de 25,000 dólares, que es el ingreso para una familia de cuatro que la sitúa en el umbral de pobreza, según la Oficina del Censo de Estados Unidos. Cierto es que contempla también reducciones a la población de menores ingresos, pero como en todo contrato el diablo está en los detalles. Se duplicarían las deducciones estándar, pero se eliminarían las exensiones, que son de facto ayudas gubernamentales a grupos vulnerables puntuales.

Para analistas económicos, la reducción impositiva propuesta por Trump representaría un incremento en la deuda y en el déficit, que a la larga sofocará el gasto gubernamental, haciendo inevitable un aumento de los impuestos, que terminará pagando la clase trabajadora estadounidense en el más probable de los casos. Recortar subvenciones a los grupos de más bajos ingresos para financiar una reducción de impuestos a las grandes fortunas resultaría en un incremento en la ya grave desigualdad en Estados Unidos.

Lo mismo piensa un grupo de 400 millonarios estadounidenses, que esta semana hicieron llegar al Congreso una carta en la que critican, entre otras cosas, el intento de derogación al impuesto al patrimonio, que grava las herencias. Estados Unidos se está convirtiendo —en palabras del economista francés Thomas Piketty— en una aristocracia hereditaria de la riqueza y el poder. Bob Crandall, un ex presidente ejecutivo de American Airlines y firmante de la carta, cuestionando el argumento del gobierno de Trump de que la reducción impositiva a ricos aumentará la inversión y con ello los trabajos: "Tengo un gran ingreso. Si mi ingreso aumenta, no voy a invertir más. Solo ahorraré más".

Casi uno de cada cinco hogares estadounidenses (19%) tiene un patrimonio neto cero o negativo, es decir, que estas familias carecen de ahorros o el monto de sus deudas es mayor al de sus propiedades, de acuerdo con un informe elaborado por el Instituto de Estudios Políticos de Estados Unidos, en coedición con Inequality.org, que hace un comparativo de la riqueza reunida en el listado de Forbes 400 y el resto de la población estadounidense. Los porcentajes son mayores cuando se examinan con un enfoque en la raza: 30% de las familias afroamericanas están en la situación de patrimonio cero o negativo, y las familias latinas se ven aquejadas por este hecho en un 27% del total. La proporción de las familias blancas en esta situación es de 14%, porcentaje por debajo de la proporción total.

En el otro extremo están los millonarios del ranking de Forbes 400, que enlista a los 400 estadounidenses más ricos. En el 2017 la riqueza mínima necesaria para entrar en la lista Forbes 400 fue de 2,000 millones de dólares. Aquí, el informe arroja cifras que exhiben la desigualdad en Estados Unidos: las fortunas combinadas de Bill Gates, Jeff Bezos, y Warren Buffett —que ocupan las tres primeras posiciones— son equivalentes al patrimonio de la mitad de la población estadounidense combinado, que representan un total de 160 millones de personas o 63 millones de hogares.

Las 400 personas incluidas en la lista de Forbes poseen un patrimonio equivalente al de 33 millones de familias promedio en Estados Unidos. Cada una de estas familias tienen un patrimonio de 80,000 dólares sin incluir un coche familiar; los millonarios de Forbes reúnen una fortuna de 2.68 billones de dólares, más que el PIB de Gran Bretaña en el 2016, de 2.61 billones de dólares.

El informe alerta que la reducción de impuestos que propone Donald Trump haría crecer 1% más las fortunas, a la vez que incrementaría el número de familias con patrimonio cero o negativo. Para evitar esto y revertirlo, el estudio propone que el gobierno de Estados Unidos adopte políticas que vayan contra la concentración de la riqueza. Recomienda que los impuestos a los ricos deben incrementarse, y que estos ingresos se destinen a inversión en programas que amplíen las oportunidades de creación de riqueza. Otra medida propuesta es la creación de programas de ahorro, para que las familias puedan acrecentar su patrimonio y hacerse de propiedades.

En este sentido, 71.8% de las población blanca es propietaria de su casa, Con índices por debajo de la mitad poblacional, 42.3% de los afroamericanos son propietarios de sus hogares, y sólo el 45.5% de los latinos son dueños de su vivienda. Para explicar esta disparidad, el estudio del Instituto de Estudios Políticos de Estados Unidos recurre a un informe del Instituto de Activos y Política Social y la Coalición Nacional de la Vivienda de Bajos Ingresos, que encontró que los hogares blancos constituyen las dos terceras partes de la población, pero reciben más de tres cuartas partes de los beneficios de la deducción de intereses hipotecarios. En contraste, los hogares negros y latinos representan cada uno alrededor del 13 por ciento la población, pero reciben sólo 6% y 7% de los créditos hipotecarios.

Esto indica un componente racial en la desigualdad, que afecta más a los grupos de afroamericanos y latinos que a los blancos. Las personas blancas son el 65% de la población de Estados Unidos, y concentran el 87.64% de la riqueza total del país. Los afroamericanos representan 15% de los habitantes, y los latinos, el 10%, pero cada uno reúne el 2.73% y el 2.67% de la riqueza total. Y en el listado Forbes las cosas no son distintas. En la Forbes 400, sólo aparecen dos afroamericanos: Oprah Winfrey y el inversionista en tecnología Robert Smith. Por los latinos, aparecen cinco personas: Jorge Perez, el rey condominio de Miami; Arturo Moreno, multimillonario dueño del equipo de béisbol Angels de Los Ángeles; la lista se completa con tres de los descendientes de Julio Mario Santo Domingo, fallecido magnate de la cerveza colombiano e importante accionista de SABMiller.

En su libro La gran brecha, el premio Nobel de economía Joseph E. Stiglitz desmonta lo que él llama el gran mito nacional: la igualdad de oportunidades en Estados Unidos. En la introducción del libro, Stiglitz señala que la profundidad de la brecha económica existente es tal, que las personas en ambos extremos viven realidades distintas. Mientras que a un ciudadano corriente le preocupa —escribe Stiglitz— cómo pagar la universidad de sus hijos, o qué pasará si algún familiar cae enfermo y si se contará con recursos para su atención, mientras que los que pertenecen al segmento de los más ricos les preocupan cosas como cuál será el mejor avión a comprar o si deben llevar sus fortunas a un paraíso fiscal con candados a filtraciones o en un país fuera de la vigilancia internacional que le obligue a terminar con el secreto bancario.

Sobre la igualdad de oportunidades, Stiglitz es determinante en su libro, y escribe: “Los estadounidenses están empezando a darse cuenta de que la entrañable historia de la movilidad social y económica es un mito. Las mentiras de esta magnitud son difíciles de sostener durante mucho tiempo, y el país ya ha estado engañándose durante una veintena de años”.

El estudio del Instituto de de Estudios Políticos de Estados Unidos concluye que los niveles actuales de desigualdad de la riqueza socavan la democracia, profundizan las divisiones raciales y de clase, erosionan la cohesión social y desestabilizan la economía del país del sueño americano, donde cualquiera, con esfuerzo y trabajo de por medio, podía salir de la pobreza y dar un futuro mejor a sus descendientes.

luis.martinez@eleconomista.mx