La clase media mexicana representa al 45% de la población total, pero apenas recibe el 29% del total de prestaciones sociales otorgadas, como son las pensiones, prestaciones laborales y otras trasferencias directas. Esta desproporción es la más pronunciada de todos los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

En economías similares como la de Chile, la brecha es significativamente más corta, la clase media representa el 48% de la población y es receptora del 46% de los beneficios sociales, de acuerdo con cifras calculadas por la OCDE en su estudio Under Pressure: The Squeezed Middle Class.

De acuerdo con el reporte, México enfrenta un problema grave de inequidad en la distribución de las prestaciones, especialmente de las pensiones. Del total de adultos mayores mexicanos sólo el 18% son de clase alta, sin embargo, ellos reciben el 54% de las pensiones o apoyos para la vejez.

En gran parte esta situación se explica debido al esquema laboral en el que las clases medias y bajas tienden a ocupar los empleos temporales o informales que los excluyen de los sistemas de seguridad social contributivos.

La afectación de los esquemas de beneficios fiscales afecta de manera más pronunciada a la clase media que a la clase baja, debido a que la mayor parte de los recursos sociales se destinan a la población más pobre.

El tamaño y la forma en la que los hogares clasemedieros son afectados por estos esquemas fiscales depende mucho de la edad del integrante —o integrantes— que sostienen económicamente la vivienda, siguiendo el estudio, los hogares sostenidos por adultos mayores son receptores netos de transferencias sociales, mientras que los sostenidos por personas económicamente activas son contribuyentes netos.

La clase media, no sólo en México, sino en la mayoría de los países de la OCDE es la menos privilegiada de los sistemas fiscales. Aunque pagan menos impuestos que el resto de la población, reciben menos beneficios sociales.

Otra problemática de los esquemas fiscales es que, aunque la contribución vía impuestos de la clase media ha incrementado de manera importante durante la última década, el impacto de estos recursos en el ingreso disponible ha sido muy limitado.

Este impacto negativo en el ingreso disponible se explica en gran parte debido a que los impuestos a las ganancias han incrementado de manera más rápida que los beneficios sociales.