El Banco Central Europeo (BCE), bajo la conducción de su nueva presidenta, Christine Lagarde, mantuvo el jueves sus tasas de interés sin cambios, y recortó su proyección de crecimiento para la eurozona en el 2020 a 1.1%, 0.1 punto porcentual menos que su anterior estimación; de esta manera prevén que en el 2021 la economía se expanda 1.4 por ciento.

En su primera conferencia de prensa como presidenta de la entidad, quedó confirmado que el BCE lanzará, el próximo mes, una revisión de su estrategia de objetivos y herramientas de largo plazo, por primera vez desde el 2003, y que espera tener terminada para finales del 2020.

“Tendré mi propio estilo. No sobreinterpreten esto, no anticipen, no comparen. Seré yo misma, por ellos probablemente diferente”, afirmó Lagarde, que no es economista de formación ni tiene experiencia al frente de un banco central.

Tal como se esperaba, la principal tasa de interés de la institución con sede en Frankfurt se mantuvo en cero, mientras que a los bancos se les aplicará una retención de 0.50% en los depósitos que confíen al banco central en lugar de prestarlos a sus clientes.

Estas tasas permanecerán en su nivel actual “o en niveles más bajos” hasta que la institución constate un regreso duradero de la inflación al objetivo de su mandato, es decir, un nivel levemente inferior a 2%, según el comunicado sobre las decisiones de la política monetaria.

Por otro lado, la inflación aumentará 1.1% en el 2019 hasta llegar a 1.6% en el 2022, según las mismas proyecciones.

El BCE compra, desde inicios de noviembre, deuda pública y privada en el mercado por 20,000 millones de euros por mes y sin plazo de tiempo, con el objetivo de reanimar una economía hundida por las tensiones comerciales, como ya lo había hecho entre marzo del 2015 y finales del 2018.

Ni paloma ni halcón

“De una vez por todas, no soy ni una paloma ni un halcón”, declaró la francesa a la prensa, con la intención de sanar el clásico debate entre los partidarios del apoyo al crecimiento y los favorables a una ortodoxia monetaria que fustiga al BCE desde su creación hace 21 años.

“Mi ambición es ser una lechuza, a la que normalmente se le asocia cierta sagacidad”, agregó, una expresión que pronto pasó a ser comentada por los especialistas en política monetaria, que escrutaron la primera gran intervención de la exdirectora del Fondo Monetario Internacional .

Abogada de profesión y la primera titular de este puesto sin formación económica ni experiencia en el banco central, Christine Lagarde busca imprimir su estilo a la comunicación del banco central, probablemente diferente a la de su predecesor, Mario Draghi.