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Construcción sostenible enfrenta retos en financiamiento y aseguramiento

Un análisis de de Saint-Gobain muestra avances en la percepción de la adaptación climática, pero evidencia límites en su incorporación dentro del crédito y seguros

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Foto: Especial.

Redacción El Economista

La construcción sostenible gana peso ante el aumento de fenómenos climáticos extremos y se consolida como un componente ligado a la gestión de riesgos, la resiliencia territorial y la conservación del valor de los activos, además de su dimensión ambiental, de acuerdo con un análisis de Saint-Gobain.

El Barómetro de la Construcción Sostenible 2026 indica que bancos y aseguradoras ya reconocen la relevancia de la resiliencia, aunque su integración en decisiones de financiamiento, inversión y seguros sigue limitada por la falta de evidencia clara sobre su retorno económico, lo que mantiene este criterio fuera de los modelos centrales de asignación de capital y limita su incorporación como variable estructural en la toma de decisiones.

El propio informe señala que “aunque el sector financiero reconoce la importancia de la adaptación en el entorno construido, su integración en las decisiones de inversión, financiamiento y seguros sigue siendo limitada”, lo que refleja una brecha entre la percepción del riesgo y su traducción en instrumentos concretos dentro del sistema financiero.

En términos de percepción, la eficiencia energética se mantiene como el atributo más asociado a la construcción sostenible, mientras la resiliencia gana presencia y muestra una evolución en la comprensión del concepto, aunque con diferencias entre regiones que obligan a considerar contextos locales, sobre todo en América Latina donde su adopción es menor frente a otras zonas, pese a que los riesgos climáticos son cada vez más visibles.

El desafío de convertir la resiliencia en valor económico

El principal obstáculo se concentra en la falta de indicadores claros sobre el retorno de inversión, ya que la resiliencia se sustenta en beneficios probabilísticos de largo plazo como la reducción de pérdidas futuras, la continuidad operativa y la protección del valor de los activos, factores que no siempre se reflejan de forma inmediata en modelos financieros y de seguros ni en evaluaciones tradicionales de rentabilidad.

El documento resume esta tensión al señalar que estos beneficios “suelen ser indirectos” y contrastan con costos iniciales visibles, lo que dificulta su incorporación en decisiones de inversión, a pesar de que una proporción relevante de los actores ya considera que la construcción sostenible genera más valor que la tradicional, con una percepción aún más alta en América Latina.

En esa misma línea, el informe advierte que “el desafío más amplio, ahora más que nunca, es construir una narrativa común y adaptable, basada en las percepciones locales”, lo que apunta a la necesidad de alinear criterios entre regiones, actores financieros y desarrolladores para facilitar decisiones de inversión más consistentes.

En este contexto, bancos y aseguradoras ocupan una posición clave para integrar la resiliencia en la evaluación de riesgos y en la asignación de capital, lo que implica avanzar en estándares, mejorar la medición de riesgos físicos y desarrollar instrumentos financieros adecuados, con el objetivo de que la resiliencia deje de ser un concepto reconocido y se convierta en un criterio operativo dentro del sector y en un elemento habitual en los portafolios de inversión.

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