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Una mujer glamorosa, un vals doloroso y el Abierto mexicano

Estoy por tomar un café con una mujer que se ha consolidado como referencia en la moda a nivel internacional y entre cuyas amistades está Óscar de la Renta. Es elegante, sus ojos claros le brillan y cuida cada detalle de su apariencia...

Hola, soy Lisette Trepaud.

Estoy por tomar un café con una mujer que se ha consolidado como referencia en la moda a nivel internacional y entre cuyas amistades está Óscar de la Renta. Es elegante, sus ojos claros le brillan y cuida cada detalle de su apariencia.

Mira, traje revistas y fotos de las entrevistas que me han hecho. ¿Por qué quieres hablar del Abierto Mexicano de Tenis? De mí nadie se acuerda, me tocas un vals muy doloroso, ¿estás lista para escucharlo?

¿Qué tiene que ver una amante de la moda con el Abierto Mexicano de Tenis? Esta es la historia....

Estreché la mano de René Juárez Cisneros, exgobernador de Guerrero. Él me ayudó con todo para que me pudiera llevar el torneo a Acapulco. Teníamos permisos, no pagamos impuestos y nos puso luz. Todo mundo me decía que estaba loca: “¿Qué vas a hacer hasta allá en Acapulco?”, “¿Quién va a ir?, aquí ya tienes público y venta de boletos”. Hace 20 años la Ciudad de México era la capital de todas las oportunidades, pero lo mudé para salvar al torneo. Los jugadores no querían venir a la ciudad, por la altura, la inseguridad. René Cisneros hasta me puso un semáforo afuera de la salida del hotel Princess y después construyó un desnivel.

Así fue como el torneo dio sus primeros pasos en Acapulco, pero antes, Lisette tuvo en sus manos la decisión de escoger entre dos lugares más: Barra de Navidad en Guadalajara o Cancún, pero el apoyo del gobierno estatal le hizo decidirse por Guerrero.

Yo siempre invitaba primero a Carlos Moyá y recuerdo que se emocionó con la idea del cambio y me dijo: “ahora que estará en Acapulco, cuenta conmigo”. Sigo teniendo grandes amigos del mundo del tenis, por ejemplo, tengo una relación de amistad con la presidenta de la WTA, Micky Lawler, y me siguen invitando al US Open, al torneo de Roma.

Lisette hace una pausa, toma un sorbo de su agua. Sus ojos soportan las lágrimas, ninguna cae...

Y así lo hice 10 años, primero en el Club Alemán de la Ciudad de México y hasta el último que organicé en Acapulco.

Han pasado 15 años y no ha sido fácil, nunca hablé de esto después de mi salida, dejé fotos, premios de la ATP y WTA, trofeos en una bodega en mi casa. Me sé tantas historias, por ejemplo, de cómo Thomas Muster iba a disputar la final después de recuperarse del accidente automovilístico que tuvo en Miami. Esas historias ya nadie las cuenta... han borrado cosas de mi historia, no sé por qué.

La Federación Mexicana de Tenis organizó los dos primeros años de vida del torneo, después Mextenis no se quedó conforme con el resultado y decidió que el Banco Mexicano lo realizara, así entré yo como directora del Abierto. Raúl Zurutuza era el asistente del director técnico del torneo, Raúl Ramírez y trabajaba en la federación cuando dejó de organizarlo. Yo le di a Zurutuza la oportunidad de seguir, ahora con Mextenis a lado mío. Se me hacía una persona humilde, callada, que sabía mucho de tenis y nos podía ayudar en la parte técnica.

Antes de que Lisette continúe, hay que hacer una pausa para explicar algo mas: en el primer Abierto, ella era la directora de relaciones públicas de Banco Mexicano, y, en el tercer año del torneo, cuando el banco se vuelve patrocinador principal, cuenta que a Zurutuza lo pusieron como director.

Sólo ese año, porque se veía mal que yo, una empleada del Banco Mexicano, fuera la directora. Llegué a ser consejera de la WTA y de la ATP, estuve a punto de firmar el cambio a cancha dura porque estábamos cerca de Estados Unidos. El torneo era mi vida.

Lisette abre una carpeta con recortes de revistas, periódicos sobre noticias del torneo y saca más fotos. En una está sentada en una banca del estadio mirando hacia la cancha con piernas cruzadas y lentes obscuros, en otra aparece sonriente con Anna Kournikova, después cae en la mesa una foto de ella en una charla con Alejandro Burillo, otra con el arquitecto del estadio y una cuando vino a México como invitado Pelé... sigue sacando más fotos. Suspira: “Era mi vida el torneo”.

-A mí me tocó el trabajo sucio, el de “tú gastas mucho”, pero me tocó sembrar y ahora a ellos, cosechar. Cuando me piden salir del torneo, me costaba organizarlo como 3 millones de dólares. A la fecha, conservo muchos amigos del mundo del tenis, pero no les pido estar en mis nuevos proyectos de moda, no quiero usar mis contactos, además significaría revivir cosas. Tengo una amistad con el diseñador Óscar de la Renta, realizo desfiles en playas, ciudades, viajo gracias a mis proyectos, tengo dos hijos adultos que tuvieron su infancia en el ambiente del torneo. Pero, en estas fechas, no dejo de pensar en el Abierto. Es un vals doloroso. Por la manera en que acabó.

PD. Nunca quiso profundizar en qué fue lo que sucedió...

marisol.rojas@eleconomista.mx

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