Para los especialistas faltó quizá un par de años para que Matthias Sindelar se colocara a la altura de Pelé, Maradona, Cruyff, Zidane o Beckenbauer, era cuestión de tiempo. No había nada que refutara su calidad, fue el Mozart del futbol.

Jugaba un futbol de finales de siglo en plenos años 30. Gambetero por naturaleza, elegante por convicción y killer por definición, así se resume la calidad de Sindelar. ¿Su pecado? Ser austriaco, de origen judío y vivir el nazismo.

Su nación tenía a un equipo poderoso. El equipo maravilla, lo llamaban, y era los favoritos para llevarse la Copa del Mundo de 1938 en Francia. Pero el Nazismo impidió que aquel 11 deslumbrara al planeta.

El 12 de marzo de 1938, la Alemania de Hitler tomó Viena y decretó la adhesión de Austria a su territorio. La fusión era en todo y para todo. Así el equipo de futbol no sería la excepción. A tres meses del Mundial, Austria se vio obligado a vestir la casaca nazi.

Hitler obligó a los mejores jugadores austriacos a enrolarse con el equipo alemán. Pero Sindelar se negó. Era de origen judío y estaba en contra de las políticas del nacional socialismo.

Y ahí inició la otra resistencia, la que nunca pudo ganar Hitler. En los Olímpicos de Berlín en 1936, Owen ya lo había retado y fue Sindelar, quizás el más prodigioso futbolista de su época, el que le siguió.

En las convocatorias alemanas siempre y misteriosamente sufría lesiones.

El momento de la ruptura llegó en un partido para festejar la fusión entre ambas naciones. Las historias aseguran que los nazis obligaron a los austriacos a dejarse ganar.

Las crónicas cuentan que Sindelar se mofaba de los alemanes. Los burlaba, esquivaba, pero al momento de definir tiraba el balón hacia afuera.

En el segundo tiempo hizo una de fantasía. Dribló a más de seis rivales y anotó. Austria ganó 2-0 y Sindelar festejó con una danza austriaca frente al palco nazi. Fue su tumba.

La Gestapo empezó a hostigarlo a él ya su familia para que jugara con Alemania. A más de 70 años de aquel partido se sabe que los nazis lo investigaban. Era social-demócrata. Jamás volvió a jugar futbol. Ni fue a la Copa del Mundo.

El 23 de enero de 1939 fue hallado muerto junto con su esposa. Unas 40,000 personas lloraron su muerte. El nazismo jamás lo pudo alinear.