El 3 de junio pasado, el volcán de Fuego en Guatemala tuvo la mayor actividad volcánica presentada desde 1999, cuando se reactivó; sin embargo, “todavía está por debajo de la capacidad del volcán”, así lo confirmó Robin Campion, investigador del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México, quien acudió junto con su colega Denis Xavier Francois Legrand a la zona del volcán para brindar apoyo científico.

“Lo que más nos impactó fue la triste situación en la que se encuentra la vulcanología en Guatemala. Se tienen cuatro vulcanólogos para monitorear 35 volcanes, tres de ellos considerados de los más activos del mundo, tienen muy pocos equipos, recursos y trabajan todos los días de la semana las 24 horas”, dijo Campion.

“En general es gente con mucho entusiasmo y espíritu de voluntariado que no cuentan sus horas de trabajo y esfuerzos, pero fue preocupante que no tengan más apoyo de sus autoridades, no reciben fondos”.

De acuerdo con Francois Legrand la estancia ofreció apoyo con tres objetivos: hacer un diagnóstico de los sistemas de monitoreo, particularmente los sismológicos y emisión de gases; colaboración para levantar las redes que estuvieran caídas después de la erupción, y dar una capacitación en términos de interpretación de datos.

También se aprovechó para instalar una estación de monitoreo sísmico a 7.8 kilómetros del volcán de Fuego, para darle seguimiento y enviar la información vía satélite en tiempo real, lo que busca dar continuidad a la capacitación y monitoreo.

Además se estudia la posibilidad de crear una red de cooperación para todo Centroamérica (con el Pacaya, Santiaguito, Tacanal —en la frontera con México—, el San Miguel, en El Salvador; el Concepción, el Motombo, en Ecuador, además de otros tantos en Costa Rica).

Explicó que a la fecha en Guatemala hay tres estaciones sismológicas que monitorean el volcán de Fuego, la FG8, FG3 —que fue afectada por la reciente erupción— y FG9, —esta última instalada por los investigadores de la UNAM— y la idea es volver regularmente.

El investigador dijo que el interés de tener varias estaciones sismológicas es que podemos empezar a ver o distinguir de qué barranca viene un Lahar, lo cual es muy difícil de ubicar.

Campion agregó que es importante porque en esta temporada llueve mucho en Guatemala y las tormentas asociadas a lluvias muy fuertes generan algunos Lahares (flujos de lodo que se forman por la movilización de los depósitos de ceniza volcánica a causa de las precipitaciones) en las barrancas del volcán.

Otro tema importante del monitoreo es porque el 18 de junio hubo un terremoto de magnitud 5.6 a 40 kilómetros del volcán de Fuego, también porque en el lugar generalmente había explosiones fuertes cada mes, pero ese estatus cambió, ahora son menos frecuentes, pero más fuertes, por lo que el evento se puede repetir en algunas semanas.

“Si este escenario se sigue dando, es posible que la próxima erupción sea más violenta, la pasada todavía no alcanza en magnitud la erupción de 1974 o las del siglo XVII que también fueron muy violentas”.

Los investigadores aseguraron que el trabajo en conjunto es fundamental, por lo que esta red de apoyo debe crecer, pero se requiere de un verdadero apoyo económico para hacer realmente un monitoreo adecuado para tantos volcanes, “si no, es como pedir un diagnostico a un médico sin sus instrumentos”, expresó Legrand.

Por su parte, Hugo Delgado Granados, director del IGf, precisó que es clave continuar con la capacitación de personal calificado; por ello, ya negocian un convenio con el Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología de Guatemala.

“Ofrecemos esta ayuda de forma desinteresada y esperamos que pueda hacerse de manera programática”, pero agregó que para dar forma a esta red, se requiere el compromiso gubernamental de las naciones, por lo que se está trabajando en ese sentido.

nelly.toche@eleconomista.mx