Estuvo a punto de celebrar su cumpleaños el mismo día en que se festeja la Batalla de Puebla. Pero nació el 4 de mayo de 1938. Testigo y desmenuzador de nuestro tiempo, el que ya pasó y el que estamos viviendo, un hombre, que -como dijera Nicanor Parra- debió estar nominado al Nobel de Lectura, Carlos Monsiváis es un escritor que ya es casi una gloria nacional. Nada de lo mexicano le es ajeno, descubrió Adolfo Castañón, porque es uno de los principales testigos de la cultura mexicana y se especializa en rastrear y dar cuenta escrita de prácticamente todas las manifestaciones del pensamiento, la palabra, el hacer y el deshacer de la vida nacional.

Es imposible de definir o categorizar su trabajo como escritor porque Monsiváis es casi ubicuo. Ha publicado en los diarios y revistas más importantes de México. Piense en el que quiera, Novedades, El Día, Excélsior, Uno Más Uno, La Jornada, El Universal, la revista Proceso, la Revista Siempre!, Eros, Personas, Nexos, Letras Libres, Este País y lo que se acumule o vayamos descubriendo esta semana. Es enorme, casi inabarcable, la cantidad de trabajos y temas sobre los que ha escrito.

Muchas áreas del arte, la cultura, la contracultura y la política, intérpretes y compositores de música popular, boleros, danzones, Juan Gabriel y Agustín Lara, El Tianguis del Chopo, El niño Fidencio, pero también escritores de un pasado literario glorioso como Guillermo Prieto o amigos como Elena Poniatowska y José Emilio Pacheco, pero también de maestros como Salvador Novo, políticos, personajes admirables y ridículos y cualquier suceso de la vida nacional.

Cuando le fue otorgado el Premio Feria Internacional del Libro de Literatura el jurado se refirió a Carlos Monsiváis como un renovador de las formas de la crónica periodística, el ensayo literario y el pensamiento contemporáneo de México y América Latina . Pero todo fuera como eso. No hablaron de que su posición política, ni su perspectiva crítica o su desacato al autoritarismo, al orden establecido y al conservadurismo, porque nunca ha tenido tiempo para ocuparse del escozor ajeno. Si eres creativamente responsable – dijo en una entrevista para la Revista de la UNAM- o eres imaginativo o tienes valor civil, aún es posible vivir como te da tu gana.

Monsiváis con su inteligencia avasalladora, a veces excéntrica, siempre peligrosa, su mente ágil, su muy clara pluma, su melodramática puntería (preferiría ese adjetivo que cualquiera derivado de lo grande o lo grandioso) para poner el dedo en la llaga, pasó su cumpleaños en el hospital. Lo necesitamos aquí afuera, con la salud recuperada y escribiendo. Para desempolvar nuestra conciencia y recordarnos todo lo que se nos olvida.