Partiendo de la idea de que todos los conceptos relativos al arte contemporáneo son especialmente indóciles a cualquier clasificación, lo cual es una de sus mayores ventajas, si  al arte contemporáneo le agregásemos el apellido “indígena”, no habría contradicción. Sin embargo, si hubiéramos intentado hacer lo mismo con el arte moderno, por definición y ejercicio, hubiera sido imposible vincularla con el concepto de arte indígena.

“Si hablábamos ya de arte indígena en los (años) 70, lo hacíamos  a contramano de la definición del mainstream del arte que distinguía el predominio de la función estética por sobre otras funciones. O sea que si la modernidad definida como un gran despliegue evolutivo no se dignaba a mirar a los costados más que para apropiarse de algunas imágenes, todo lo relativo a la posibilidad de hablar de arte indígena estaba prácticamente dejado de lado”.

Esto fue dicho por el curador, crítico de arte y promotor cultural paraguayo, Ticio Escobar, durante la conferencia magistral “Arte indígena hoy: el desafío de los conceptos”, que forma parte del foro digital Constelaciones. Arte contemporáneo indígena desde América, que es posible por la coordinación entre el Huyndai Tate Research Centre y el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), que se lleva a cabo desde el pasado 12 y concluye el 30 de octubre, con la participación de artistas, curadores, académicos y profesionales de museos para revisar la noción de arte indígena y arte contemporáneo desde una mirada comparativa.

“Arte indígena es un nombre occidental que en muchísimos casos conviene usar a los indígenas. Hay grupos a los que les interesa autoconsiderarse como arte contemporáneo, hay unos que no les interesa, pero asumen incluso el valor político o saludablemente oportunista de ese uso. Hay otros que lo rechazan. Poner el nombre en cuestión es una característica de la contemporaneidad misma, que es autocrítica”, añadió.

hoy en día, refirió Ticio, que cada vez menos se sabe de qué se habla cuando se habla de arte, puesto que se ha vuelto un término “espectral”, pero,  al mismo tiempo, cada vez se habla más de él, el ejercicio artístico indígena demuestra que está acostumbrado a moverse en situación de litigio o de conflicto con las formas hegemónicas del arte.

“El juego de la cultura es un póker con mucha trampa, con muchas vueltas y cartas bajo la mesa, con muchas alianzas y coincidencias. La apertura posformista que requiere una política de target también ha abierto muchísimo camino a culturas diferentes. El cuestionamiento de la cultura patriarcal, homofóbica,etcétera, también tiene intereses de mercado, pero tiene un momento de apertura que es aprovechado políticamente por sectores para afirmarse a partir de ello. Nadie va a ser tan cándido en creer en las buenas intenciones del neoliberalismo en términos de diversidad. La cultura es un campo en el cual se confunden los límites y el arte hace de esa confusión un instrumento de trabajo”, dijo el exministro de Cultura de Paraguay.

Escobar explicó que el arte contemporáneo discute la oposición forma-función, la autonomía de la forma o del significante por sobre las cosas, las realidades expresadas.

Lo contemporáneo no puede ser ni pura forma ni puro contenido porque pierde el momento estético formal. Esa función, dijo, se da con mucha naturalidad en el arte indígena, que emplea la belleza o “la radiancia” de la forma para recalcar contenidos religiosos, rituales, mágicos o únicamente ornamentales.

Añadió que el arte indígena ha tenido una presencia cada vez mayor en bienales y ferias, sin olvidar, claro está, el interés vigente “de la vieja sed de exotismo”, el “esnobismo de la moda” y las ganas de quedar bien con el multiculturalismo. Pero lo importante es, dijo, de qué manera deciden los grupos indígenas y los críticos indígenas utilizar esos espacios, qué usos les dan y qué quieren decir; incluso que es perfectamente legítimo entrar como una forma de destaque personal o de mejor ubicación en el mercado.

Señaló que el Estado debe reconocer el derecho al territorio y el derecho a las formas culturales alternativas, pero también la autogestión indígena: “que sean lospropios grupos los que definan los límites de su participación. Yo creo que lalucha más importante políticamente es la autodeterminación de los pueblos indígenas”.

¿Quién es?

Ticio Escobar (Paraguay, 1947) es curador, profesor, crítico de arte y promotor cultural. Se desempeñó como presidente de la Asociación Internacional de Críticos de Arte-Paraguay, así como de la Asociación de Apoyo a las Comunidades Indígenas del Paraguay. Ha sido también director de Cultura de Asunción y ministro de Cultura de Paraguay. Es autor de la Ley Nacional de Cultura de Paraguay y coautor de la Ley Nacional de Patrimonio. Ha recibido condecoraciones otorgadas por Argentina, Brasil y Francia, doctorados honoris causa concedidos por la Universidad Nacional de las Artes y la Universidad de Misiones, Argentina, así como diferentes distinciones y premios internacionales. Actualmente se desempeña como director del Centro de Artes Visuales / Museo del Barro, en Paraguay.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx