Marcela Lagarde fue la primera persona en México en hablar del feminicidio como concepto en un espacio oficial, utilizando la traducción de “feminicide” de la autora sudafricana Diana Russel. La definición se asocia con el asesinato violento de una mujer precisamente por el hecho de ser mujer. Lagarde utilizó la expresión de feminicidio en 2004, cuando fue diputada federal por el PRD, pero su implantación en la normativa jurídica tardó ocho años en realizarse.

Desde el 2012 y hasta ahora —nadie sabe a ciencia cierta si seguirá vigente durante el nuevo gobierno federal— existe en el Código Penal Federal el feminicidio como tipo penal y un presunto feminicidio procede cuando se cumple alguna de las catalogadas razones de género. 

El homicidio doloso contra una mujer debe investigarse como un feminicidio si:

  • el cuerpo de la víctima fue expuesto
  • el agresor mantenía o mantuvo algún vínculo con la víctima
  • existen antecedentes de acoso u hostigamiento previo
  • hubo violencia sexual previa al asesinato
  • hay lesiones físicas 
  • existen antecedentes de violencia doméstica 

Investigar un feminicidio es hacerlo con perspectiva de género, tomando en cuenta que las mujeres son un grupo vulnerable de la población en las esferas sociales y económicas. Implica, también, considerar que la violencia contra mujeres y niñas es una de las más graves, perpetradas e invisibilizadas en el mundo. 

“La violencia está presente antes del homicidio de formas diversas a lo largo de la vida de las mujeres. Después de perpetrado el homicidio, continúa como violencia institucional a través de la impunidad que caracteriza casos particulares, como en México, por la sucesión de asesinatos de niñas y mujeres a lo largo del tiempo (más de una década desde que se inició el recuento)”, escribió Marcela Lagarde en un informe de actividades de 2004 relacionado con la atención de la violencia de género durante la LIX Legislatura Cámara de Diputados. 

Para entender un feminicidio es necesario entender la estructura de violencia contra mujeres y niñas que nace de una sociedad que normaliza y perpetúa una concepción social que desvaloriza y degrada a la población femenina.

El feminicidio, como concepto, incluye el factor de la impunidad. El papel de las instituciones encargadas de la impartición de justicia y los generadores de políticas públicas es crucial en la violencia feminicida. Lagarde enfatiza en entender el feminicidio también como producto de una cadena de violaciones a los derechos humanos y sociales de las mujeres previos al asesinato, que fue posible por la persistente impunidad en el país. 

Feminicidio y violencia feminicida

La violencia feminicida es la gestación de todas las expresiones de violencia contra mujeres y niñas que impulsan y desatienden su integridad humana y que, como en muchos casos, concluyen en un feminicidio

El feminicidio, como concepto y como tipo penal, tiene como objeto (además de buscar justicia) visibilizar la violencia extrema contra mujeres y niñas en el país que no se ve cuando se llegó al homicidio pero que existe y debe atenderse.

Para entender la violencia feminicida es importante visibilizar las condiciones que hacen posible cualquier expresión de violencia misógina. “Estas formas de violencia se dan en el marco de un alto rango de exclusión, marginación, explotación y extrema pobreza de las mujeres, índices elevados de morbilidad, desnutrición, no acceso a la salud y en general, un desarrollo social precario", dice Lagarde. 

En este punto es importante observar el área de oportunidad que existe en las esferas públicas y privadas para combatir la violencia feminicida: la erradicación de la cultura de la misoginia, la promoción de la igualdad y la atención especializada a las mujeres más vulnerables de la población. 

Combatir la violencia feminicida desde la perspectiva de la atención a cualquier otro tipo de violencia podría ser clave en la reducción de los niveles históricos alcanzados en los últimos años. Además de castigar debidamente a quienes cometan un feminicidio es tan necesario e importante como castigar otras expresiones de violencia que no consideran tan graves, como la violencia económica, la discriminación, la desigualdad educativa y laboral, las brechas salariales, las agresiones físicas y sexuales. 

Los principales actores de la violencia feminicida y de los feminicidios son los hombres más cercanos a las víctimas. Por ello, la violencia doméstica también es un foco rojo en el debate acerca de las elevadas tasas de feminicidios que presenta México

En todo caso, “el feminicidio es una ínfima parte visible de la violencia contra niñas y mujeres, sucede como culminación de una situación caracterizada por la violación reiterada y sistemática de los derechos humanos de las mujeres”, dice la académica.

La violencia feminicida debe aislarse de la situación de la violencia por crimen organizado y de la crisis de seguridad ciudadana por sus peculiaridades, por su persistencia a lo largo del tiempo y alrededor del mundo y porque el denominador común son niñas y mujeres violentadas por ser mujeres, enfatiza.

ana.garcia@eleconomista.mx