Miembros del Centro Interdisciplinario de Bioética de la Universidad Panamericana (CIBUP) han seguido de cerca el manejo dado a la pandemia provocada por el Covid-19 y manifiestan preocupaciones y comentarios acerca de lo que se entiende por bioética y su consecuente reflexión. Entre otras cosas, se han posicionado sobre la Guía Bioética de Asignación de Recursos de Medicina Crítica, publicada por el Consejo de Salubridad y firmada por los integrantes del Colegio de Bioética.

En entrevista para El Economista, Evandro Agazzi, académico, investigador y director del CIBUP, asegura que, “sin ser una crítica, pues para esta pandemia nadie estaba preparado y se han cometido errores en todo el mundo, el hecho de que salga una guía que se presenta como un documento basado en grandes principios bioéticos y que se aplican a un solo caso que en realidad no debería presentarse, muestra una falta de conciencia del bien común”.

El doctor en Filosofía explica que hasta ahora el bien común no se ha considerado entre los principios bioéticos fundamentales porque vivimos dentro de una visión ética de tipo individualista y utilitarista importada de Estados Unidos y este criterio nos ha llevado a muchas dificultades y malentendidos.

Por ejemplo, en el caso de los médicos: “cuántas veces hemos escuchado que son héroes; eso se ha convertido en una especie de retórica porque, en realidad, lo normal sería que para cumplir con su propio deber uno no tiene que ser un héroe”. Esta retórica, en realidad trata de cubrir una falla y, a la vez, demuestra una falta de protección y medidas que podrían hacer normal el trabajo de un equipo médico. Esta parte concerniente al bien común no es tarea del personal médico sino del Estado.

Agazzi asegura que el mexicano tiene en su ADN el sentido de la solidaridad, “es una persona que auxilia y nunca te dice no”, pero esto tiene que ser reconocido y las medidas oficiales no han estado a la altura. Se requiere inyectar esta dimensión en la conciencia política y ética, para tomar las medidas correspondientes, pues no puedes imponer al individuo ser un héroe y que sea él quien se procure las protecciones para que su actividad profesional esté segura”.

Una guía unidireccional

Por su parte, María de la Luz Casas Martínez, médica y doctora en Ciencias por la UNAM, también miembro del CIBUP, comparte con este medio que la Guía bioética se ha hecho de una forma cerrada, sin consultar a los grupos expertos, como la Comisión Nacional de Bioética, comités intrahospitalarios de bioética o centros que llevan muchos años trabajando en el campo.

“Es una guía unidireccional, con criterio utilitarista y donde no se ha comprendido hacia dónde tienen que guiarse los temas de salud pública. Hemos confundido el bien común con la atención médica, por lo que es una guía que se debe reconsiderar para el bien de la sociedad y de los pacientes”, indica.

Asegura que esta pandemia no sólo puede considerar el aspecto médico, también entran en juego temas sociales, psicológicos, económicos, políticos, entre otros. “Para darle este enfoque multidisciplinario, se requiere diálogo”. Por ello, los miembros del CIBUP han enviado un par de documentos a las autoridades de salud; sin embargo, no han obtenido respuesta.

Detalló que la Guía bioética planteada se centra en el triage (un mecanismo que se considera a nivel internacional en casos de emergencia o desastres que significa “clasificar”) y no en evitar que las personas lleguen al hospital, “lo que se debería promover mucho más por ética y por política pública es la atención domiciliaria”. Por ejemplo, se ha documentado que, si se detecta la insuficiencia de oxígeno en los pacientes domiciliariamente, llegan al hospital sin daño pulmonar. “Esto funcionaría si el gobierno proporcionara oxímetros a las personas detectadas con Covid-19, para que monitoreen en su casa el oxígeno, esto traería un bien común mayor”.

Concluye en que considerar el bien común es uno de los trabajos del Estado, por ejemplo, medidas comunitarias como el Quédate en casa o la Sana distancia. Pero cuando un médico se encuentra con un paciente, ya no aplica la regla del bien común sino la de beneficencia. “Esto es por ética frente a un ser humano que requiere ayuda”.

“Echarse un volado es irrisorio para alguien que ha pasado muchos años estudiando cómo salvar la vida”, dijo la especialista, “es como una burla a la profesión médica”. Una vez en un hospital el criterio que se aplica es del médico y éste siempre busca la mejor intención de ayudar a salvar a todo quien se pueda salvar y a quien no se le dará el apoyo que corresponda a cuidados intermedios (oxigenación directa, cuidados paliativos), no se le va a abandonar, porque, además de antiético, el abandono del paciente es un delito.

nelly.toche@eleconomista.mx