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Arte e Ideas

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Norah Jones canta rancheras. Y de qué manera

Norah Jones ha cambiado. Ya le dio por recordarle al mundo que es texana y que idolatra desde la primaria a Willie Nelson, que lleva en las venas la sangre de Ravi Shankar y eso significa que, al menos por herencia, es una gran artista.

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Ay, no, ya cuando puso a tocar rancheras me dieron ganas de salirme decía una mujer de unos 40 años, con ropa cara, oliendo a perfume caro, que salía de la zona más cara del Auditorio Nacional, Yo no sé porqué a los artistas les da por hacerse los originales .

Esa fue la reseña de algunos asistentes al concierto de Norah Jones el viernes pasado. Y es que, para ellos, Norah Jones sigue siendo la que fue hace 10 años: una cantante de baladas pop que jugaban a ser jazz; canciones que uno podía escuchar en la sala de espera del dentista o mientras espera la comida en un Vips (la música tranquila presagia lo peor).

Y esperaban a esa Norah. Esperaban escuchar Come Away with Me o Those Sweet Words , esperaban a la niña del piano, la vocecita y la cara dulcemente inexpresiva, esperaban un concierto inofensivo. Y se quedaron esperando.

Porque Norah Jones ha cambiado. Porque ya le dio por recordarle al mundo que es texana y que idolatra desde la primaria a Willie Nelson. Porque lleva en las venas la sangre de Ravi Shankar y eso significa que, al menos por herencia, es una gran artista.

No es que Norah Jones haya hecho estallar el Auditorio Nacional, pero dio un concierto que nada tuvo de inofensivo. Y sí, se puso a tocar rancheras , y de qué manera.

¿Son fans de Johnny Cash aquí en México? , preguntó la cantante después haber tocado apenas unas 4 o 5 canciones. Y procedió a interpretar un cover impecable de Cry, Cry, Cry , una de las imprescindibles de Mr. Cash, una alegre canción de revancha: Cada vez que te pregunto, me mientes, mientes y mientes. Pues por cada mentira, vas a llorar, llorar y llorar .

Detrás de la Jones, Smokey Hormel, que por un rato (unos 20 años) fue parte de la banda de Johnny Cash, tocaba una National Guitar (esas guitarras metálicas que sólo se tocan con gracia en la delta de Mississippi, las mismas con las que se compuso todo el blues y todo el country). Era como estar en Nashville escuchando a la mejor banda de country, con un trago de Southern Comfort en una mano y un sombrero Wrangler en la otra. Era como estar ante un pedazo de historia.

Salve decir que el resto de la banda que acompaña a Norah Jones es igual de impresionante: el baterista Joey Waronker, que fue el percusionista de bandas de rock tan importantes en los 90 como los Smashing Pumpkins y R.E.M.; el bajista Mark Ribbott, que también ton Tom Waits y la eterna Sasha Dobson, siempre al lado de Norah Jones desde el comienzo de su carrera, percusionista y corista (canta exactamente igual que Jones).

La noche fue una mezcla de country, rock alternativo y cierto matiz de jazz (la media luz del escenario y la lámpara chinesca encima del piano no mentían). Creo que sobre todo para Jones, esta gira es una declaración de principios: va a hacer su música como ella quiere, no como sus admiradores exigen.

Para darle gusto a los fans de los viejos tiempos , tocó algunas de aquellas baladitas, pero sobre todo se dedicó a lucir su disco más reciente, el deslumbrante The Fall en el que explora todo este nuevo estilo, más valiente y más pegajoso. Más juvenil (¿hay cosa más anticuada que el adjetivo juvenil ?).

Quizá después de este concierto Norah Jones habrá perdido a sus fan más antiguos, esos que esperaban la hora de la complacencia. Adiós y que les vaya bien. Viva la nueva Norah Jones.

cmoreno@eleconomista.com.mx

apr

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