Ernesto Ramírez pasaba por la avenida Patriotismo de la Ciudad de México, a la altura del Circuito Interior, cuando vio incrustado en el asfalto un metal con forma de libélula. Decidió que era digno de fotografiarse y pensó que la mejor manera de hacerlo era con una cámara de formato medio, así que lo pospuso.

Dos semanas después regresó al lugar sólo para descubrir que aquel metal, por el que habían pasado miles de vehículos que poco a poco confeccionaron su azarosa forma de libélula, había desaparecido: Me di cuenta de que la ciudad era un organismo vivo, que se auto regula, es un Frankenstein que sobrevive a pesar de nosotros , comenta Ernesto.

Lo anterior no sólo sirvió para que Ernesto dejara de postergar la captura de imágenes citadinas, sino que se convirtió en el eje rector de su trabajo, el cual ha sido compilado en un libro de arte titulado Ernesto Ramírez, editado por Pablo Ortiz Monasterio.

El libro forma parte de la colección Círculo de Arte, que edita la Dirección General de Publicaciones de la Secretaría de Cultura federal, donde se reúnen diversas fotografías que tienen como protagonista a la Ciudad de México.

En su material homónimo, Ramírez presenta algunas imágenes de sus series Arqueología urbana (2005), Cerca del cielo (2010) y Exitocina, con la que obtuvo la beca del Sistema Nacional de Creadores, además de algunos trabajos considerados como clásico en el acervo del autor, como por ejemplo, la foto donde aparece la bandera y las nubes reflejadas en un charco, y el azoro y la soledad expresados en el rostro de un niño .

La ciudad cambia más rápido que las personas. Lo que he podido extraer es esta vitalidad donde se sintetizan todas las culturas, nuestra identidad y nuestro pasado , nos dice Ernesto

La búsqueda es otro de los elementos sobre los que Ernesto trabaja: va documentando esos espacios que encuentra en la ciudad, imprimiendo un poco de ironía, una herramienta muy útil para el quehacer de Ernesto, pues ayuda a mostrar lo que somos, es el vehículo para entender y sobrevivir la ciudad que, finalmente, también moldea la identidad de la misma. Todos participamos en este organismo vivo , asevera el fotógrafo.

El libro de Ernesto va acompañado de un texto del periodista Héctor de Mauleón, que funciona como un hilo conductor de las imágenes del fotógrafo.

En el mismo, de Mauleón nos dice que Ernesto se formó en el diarismo, en tiempos en que la foto de vida cotidiana era tan importante como el encabezado principal, en cada foto de Ramírez están los restos de una historia que desconocemos y, al mismo tiempo, hay una forma de la cultura urbana; pertenece a la estirpe de fotógrafos como Jean Prelier, Joseph Niépce, Louis Daguerre, Désiré Charnay, Guillermo Kahlo y Hugo Brehme; también a la que conforman Enrique Díaz, los Casasola, los hermanos Mayo, Juan Guzmán, Nacho López y Héctor García.

Y agrega: El fotoperiodismo lo lanzó a las calles de una ciudad caótica y abigarrada, a la que el terremoto de 1985 había destazado, y de cuyas ruinas emergía todo lo que el régimen quiso mantener oculto: la miseria, la pobreza, la podredumbre, la corrupción.

Era la ciudad que anunciaba su eterno no alcanzado apocalipsis a través de muchedumbres uniformadas por el desempleo, de automóviles paralizados en los ejes viales, de vagones de Metro ‘hasta el full’, de toldos del ambulantaje tapizando las calles del Centro, de ‘payasitos’ que pedían limosna en la Diana y de puestos de tacos y tortas en los paraderos de combis y camiones .

El libro de Ernesto Ramírez está disponible en la red de Librerías de Educal.

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