Explora. Pregunta. Avanza. Crea. Estas palabras podrían ser el lema de Jean Arp (también conocido como Hans Arp, depende si se quiera usar su nacionalidad francesa o alemana).

Arp fue uno de los fundadores del movimiento. Él estuvo ahí cuando Hugo Ball fundó el Cabaret Voltaire en Suiza, 1916.

Un siglo ha pasado y cuando uno recorre la exposición simplemente titulada Arp en el Museo de Arte Moderno tiene la sensación de que está observando a un artista contemporáneo.

Como dice el curador Serge Faucherau en su texto de sala, Arp fue un multiartista que lo mismo hacía grabados que esculturas y artes textiles y tapices. Hacía sus propios catálogos y revistas.

Arp siempre lo supo: el arte no se detiene en un solo género. Como muchos artistas de hoy, Arp visitó varias formas de la creatividad.

La exposición dedica un espacio a los documentos que el artista creó y coleccionó a lo largo de su vida. Entre ellos está el primer número uno de la revista de Cabaret Voltaire, sus primeros grabados en las revistas dadá, sus ilustraciones de los libros de Tristan Tzara.

En el recorrido hay dibujos, litografías y muchas esculturas. Las esculturas son un juego de formas curvas, femeninas. Las curvas no sólo aparecen en sus esculturas. Entre los dibujos de Arp hay una serie de muñecas que parecen los sketches de un diseñador de moda, o inclusive el arte de la caverna rupestre en la que se retrató por primera vez en la historia a una mujer.

Arte que ríe

Decía Marcel Duchamp que Arp le había regresado la sonrisa al arte, el sentido del humor contra las teorías cada vez más sofisticadas que parecían restarle vida a la creación.

Fascinantes son las fotos del Café L’Aubette, en Estrasburgo, que fue comisionado para que un grupo de artistas dadá, entre ellos Arp y su compañera Sophie Taeuber, hicieran lo que quisieran con su decoración.

Madre mía: es una explosión de color y de formas. Sueños, juegos infantiles, huellas de modernidad. El café fue remodelado por un dueño que quería algo más actual , pero la obra original fue recuperada en el 2006. Si un día andan por Estrasburgo echen un mirada.

Las esculturas son una extrapolación de los dibujos y los tapices del artista. Por ejemplo, Torso regocijado parece de nuevo un maniquí. Retoño de relámpago perfila algo que nace, un vientre que da a luz , ahí de nuevo el juego con los significados.

Sin duda la pieza más divertida es la del duende Kaspar , una pieza que Arp trabajó varios años. Sin ser totalmente figurativa, el que mira puede ver algo parecido a un rostro con gorro y pico de pato, una efigie que ríe y se burla de nosotros.

Kaspar puede conocerse en yeso y en bronce, una versión frente a la otra: Arp burlándose de sí mismo.

Arp viajó por varios países del mundo trabajando en diversas obras. Su influencia y la del dadá puede rastrearse claramente en el arte más contemporáneo.

Junto a la exposición de Arp está la muestra Analogías, una selección de obras de artistas mexicanos, o que trabajaron en nuestro país, en las que puede rastrearse a Arp. Esta parte de la exposición es un tanto reiterativa. Lo mejor es visitar a Jean Arp y, sólo entonces, visitar Analogías.

concepcion.moreno@eleconomista.mx