Teatro del Bicentenario, en León. El Concurso de Documental Universitario Identidad y Pertenencia abre las actividades presenciales del Festival Internacional de Cine Guanajuato (GIFF). El teatro estaría lleno de no ser por el impedimento sanitario. Minutos antes, la fila afuera de este complejo era considerable. Familiares y amistades de los realizadores y protagonistas de los filmes integran el grueso del público para esta sesión de proyecciones y anuncio del fallo del jurado.

Se exhiben cuatro proyectos dirigidos por jóvenes guanajuatenses: El torito, de Roberto Antonio Salazar; Esperanza, de José María Melchor; Memoria sumergida, de Juan Salvador Ybarra, y Toda la vida, de Orlando Salvador Terrones. Han trabajado en sus cortos desde 2019 y finalmente ahí están, en un gran teatro, con un público que aplaude el resultado de dos años de trabajo, ahora proyectado en una gran pantalla. El festival les pide como requisito que las historias estén vinculadas con su lugar de origen, con su gente, con todas esas razones que hacen sentir parte de un grupo social, sus rasgos identitarios. Y la respuesta creativa de los cuatro resulta conmovedora.

Juan Salvador Ybarra no rebasa la veintena de años. Acaba de presentar Memoria sumergida, un trabajo que recoge las voces de los habitantes más longevos de Chupícuaro, municipio de Acámbaro, quienes comparten los recuerdos de un pueblo cuya belleza natural ha sido depuesta con los años.

El trabajo de Antonio Salazar, El torito, retrata una de las tradiciones sincréticas más emblemáticas de Silao, una danza que ha sido fundamental para la aceptación de la diversidad sexual y de género en la ciudad guanajuatense. Por su poder empático, ambos documentales resultan ganadores.

Generar tejido y profesionalizar a los jóvenes

“El requerimiento es que la historia contada se conecte con la historia personal (del realizador). Si mi pueblo está enfermo, yo estoy enferma, es mi problema, es mi violencia y mi pobreza, son mis temas. Y cuando lo vemos de esa manera, contamos la historia diferente, la hacemos más humana, reflexionamos más en cómo participamos o si no lo hacemos. Cuando es tu historia, se vuelve universal y resuena en todas las culturas. Entonces, ese concurso suele ser catártico. Es casi una terapia psicológica y te puede tronar. Ahora celebramos sus historias y ellos son portavoces y embajadores de sus comunidades. Creo que GIFF siempre ha sido muy humano. Hemos usado el arte cinematográfico para dejar los mensajes que nos parecen relevantes para crear espacios de diálogo”, comparte Sara Hoch, quien además funge como productora ejecutiva de los filmes del concurso.

Hay un convenio entre el GIFF y el Festival de Cannes para exhibir cada año los trabajos documentales de Identidad y Pertenencia. El éxito del certamen es tal que las universidades de Guanajuato involucradas en los proyectos se han hecho de equipos profesionales de filmación y edición para apoyar e incentivar a sus alumnos. Por si fuera poco, el GIFF se involucra del todo en la producción minuciosa de las cintas para entregar productos que por sí mismos puedan moverse por el mundo.

“Ahora todas las universidades de Guanajuato tienen buenos equipos. Y eso es al final de cuentas lo que buscamos, porque deja de ser algo de GIFF y se vuelve algo de Guanajuato. Uno quiere que se contagie esa necesidad de contar historias. Además, llevamos a los chavos para hacer networking en los festivales. Si puedes hacer networking en Cannes, puedes hacerlo donde sea. Es el festival más difícil, de mayor calidad y ahí los ponemos: ‘tu primer festival es Cannes, chíngale’. Entonces, lo que les queda después se les hace fácil porque arrancamos con lo más complicado”.

Hoch argumenta que “no hay suficiente dinero en el mundo para que México esté bien. México tiene que estar bien desde adentro, consigo mismo primero, tiene que estar orgulloso de sus historias y de su cultura. Esa es la verdadera riqueza del país. Pero ves a miles y miles de chavos muriéndose, entrando al narcotráfico, a la violencia, ¿para qué, para tener dinero unos meses? ¿Realmente estamos tan huecos y toda una generación se lo compró?”.

Todo este esfuerzo, explica, ha detonado una pequeña industria en el estado. Gran parte de los jóvenes que han tomado parte de las producciones ahora laboran en los medios como productores o directores. Algunos han podido salir del país para continuar con su educación fílmica. Es otro efecto de la descentralización del séptimo arte.

En contraste, declara, “hay un gobierno cuyo estandarte es la cultura, la identidad mexicana, y le ha quitado el apoyo a proyectos como este. En nuestro caso el recorte ha sido del 90%. Es una lástima que el Imcine esté maniatado, porque ellos son la voz, son quienes tienen que abogar por nosotros, porque son gente de cine. Es comprensible que en tiempos de pandemia se canalicen los recursos en la salud, pero ahí tampoco es tan claro”.

Organizan y preservan el acervo del GIFF

Después del fallecimiento de Ernesto Herrera, el Festival Internacional de Cine Guanajuato comenzó a revisar los archivos del cofundador. El material gráfico y audiovisual está siendo clasificado de cara a la edición 25, donde el encuentro planea hacer una edición retrospectiva. Además, confirma Hoch, el material en video, memoria de las 24 ediciones, será respaldada por Kodak en 35 milímetros para garantizar su preservación a lo largo de los años.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx