Buscar
Arte e Ideas

Lectura 7:00 min

Así era don Miguel León-Portilla en la vida diaria

Ascensión Hernández, lingüista, académica y viuda del tlamatini relata los hábitos del célebre filósofo y antropólogo, sus convicciones y cómo a pulso de una relación epistolar, abatieron la distancia y decidieron juntar sus vidas en México.

main image

Miguel León Portilla, cumpliría 100 años el próximo domingo. Foto: Cortesía

Ricardo Quiroga

Miguel León-Portilla, de quien este domingo se celebra el centenario de su nacimiento, fue una pieza imprescindible para la reivindicación de la idiosincrasia prehispánica como fundamento de la identidad mexicana. Fue por su iniciativa que en 1992 se promovió un cambio de mentalidad a partir de cómo nombramos los hechos históricos, principalmente el que hasta entonces era llamado oficialmente el Descubrimiento de América y comenzó a cambiar perspectivas con el título de Encuentro entre dos mundos.

El de Mesoamérica fue “uno de los flujos civilizatorios más interesantes de la humanidad, totalmente autónomo”, solía decir don Miguel, heredero de la más erudita estirpe de nahuatlatos, desde Bernardino de Sahagún hasta Ángel María Garibay pasando por Francisco Javier Clavijero. Dedicó toda su vida a traducir, interpretar y promover el pensamiento indígena.

Para la posteridad fue aquel homenaje de cuerpo presente para don Miguel en el Palacio de Bellas Artes, después de confirmarse su muerte el 1 de octubre de 2019, donde, tras sendas guardias de honor, por la puerta principal del máximo recinto para las artes en México ingresó un cuantioso grupo de concheros, con estelas de incienso y penachos altísimos para montar una guardia de honor para el tlamatini de México, hacia quien sigue transpirando el afecto fraternal, de proximidad y confianza por parte de gran parte del pueblo mexicano, particularmente de sus lectores, los de la “Visión de los vencidos”.

León-Portilla en la vida diaria

“Miguel se dedicó a crear instituciones, a escribir y a servir a su país”, declara en entrevista la lingüista Ascensión Hernández Triviño, investigadora del Instituto de Investigaciones Filológicas-UNAM, integrante de la Academia Mexicana de la Lengua y viuda de Léon-Portilla.

“Sus publicaciones sobre pensamiento náhuatl revolucionaron la idea que teníamos de los pueblos antiguos. Él tenía una gran formación filosófica adquirida en la Compañía de Jesús, donde estudió mucho latín. Y conocía muy bien la lengua náhuatl, eso le dio la llave, porque lengua y pensamiento van juntas en cualquier parte del mundo. Él sabía varias lenguas, era muy bueno para eso, le gustaban mucho, pero decidió concentrarse en el náhuatl y pudo sacar de ella hasta los últimos significados y extraer nociones de trascendencia hacia la divinidad y el ser humano”.

image

Doña Ascensión Hernández Triviño. Foto: CortesíaTV

Pero, ¿cómo era don Miguel León-Portilla en la vida diaria? ¿Cuáles eran los hábitos de una mente tan activa como la del celebrado?, se le pregunta a doña Ascensión.

“Era una persona muy sencilla. Se levantaba temprano, le gustaba mucho leer a las primeras horas del día que son muy buenas porque el cerebro está limpio y descansado, y la memoria puede fijarse mejor. Solía leer por un par de horas, sobre todo leía a los cronistas españoles, los conocía perfectamente. Después desayunábamos, como a las nueve de la mañana, y más tarde salía a trabajar al Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, donde recibía muchas visitas y atendía cantidades de llamadas, pero eso sí, primero trabajaba sobre sus textos”, relata la lingüista.

Don Miguel y doña Ascensión solían volver a casa a la hora de la comida. “Después le gustaba descansar un rato, incluso dormía un rato, y más tarde bajaba a la biblioteca para seguir revisando papeles. Ya como a las siete y media u ocho, subía y, como cualquier familia, nos sentábamos a hablar, a ver las noticias o a compartir con nuestra hija y nietos. Tenía una vida muy sencilla. Siempre procuraba dormir a buena hora para estar despierto desde muy temprano”.

image

León Portilla en sus comienzos en la UNAM. Foto: Cortesía

Amor por correspondencia

Ascensión y Miguel se conocieron durante el Congreso Internacional de Americanistas celebrado en Barcelona, Madrid y Sevilla en 1964. Pero el proceso de enamoramiento fue por declaraciones de intenciones y afectos con misivas transatlánticas.

“Yo era becaria en ese congreso y ahí comenzamos a tratarnos bien, porque el congreso duró algo de tiempo. Después empezamos a escribirnos, porque en esa época hablar por teléfono eran horas de espera. Todavía dependíamos del cable submarino, que pasaba por Nueva York, así que no era muy eficiente. Por eso casi no hablamos, más bien nos enviamos muchas cartas. Él fue para las navidades, para conocernos un poquito mejor y conocer a mi familia y decidimos que sí nos íbamos a casar en mayo. Mientras tanto, seguimos escribiéndonos, conociéndonos, hasta que nos casamos (en 1965)”.

Doña Ascensión no conocía México para cuando decidieron vivir en este país. “Pero sí conocía a un tío, hermano de mi madre, que había venido exiliado a causa de la Guerra Civil Española, entonces algo tenía ya de familiar en México. Pero, más que eso, visto desde el punto de vista histórico, el destino de muchos españoles siempre ha sido América, ¿no? Desde el siglo XVI su destino ha sido americanizarse, casarse, mezclarse y formar una familia. Por eso no fue una cosa tan rara, de alguna manera sabía que era normal en el destino de muchos españoles vivir en América”.

El resto, nunca mejor dicho, el resto es historia.

Ser o no ser cronista, ahí la cuestión

Además de su sabiduría, Miguel León-Portilla brillaba por el semblante afable y su buen sentido del humor, pero sabía cuando algo no encajaba con su rutina y no dudaba en hacer los cambios pertinentes.

Doña Ascensión recuerda el tiempo en que el filósofo fue nombrado Cronista de la Ciudad de México en 1974, cargo que sostuvo solamente hasta 1975.

“Esa actividad le quitaba muchísimo tiempo. Lo mandaban a hacer cosas que no estaban en su programa de vida. Llegó un momento donde me dijo que ya no podía más, cuando le hablaron una noche para que a la mañana siguiente fuera al aeropuerto a recibir un avión que traía a los ositos panda donados por el gobierno chino (Ying Ying y Pe Pe). Recuerdo que me dijo: ´siento que no nací para esto’, y dejó la tarea, cosa que al señor presidente le llamó la atención y le preguntó por qué. Miguel dijo: ‘no tengo nada en contra, simplemente requiero de mi tiempo’”.

A lo largo de su trayectoria, Miguel León-Portilla recibió un sinfín de reconocimientos y encargos: ingresó en 1962 a la Academia Mexicana de la Lengua, en 1969 a la Academia Mexicana de la Historia (que dirigió entre 1996 y 2003), en 1971 a El Colegio Nacional, y en 1995 a la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos; en 1981 el Gobierno de de México le otorgó el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el campo de la Historia, Ciencias Sociales y Filosofía; fue embajador ante la UNESCO entre 1987 y 1992; más tarde, en 1995, recibió la Medalla Belisario Domínguez, la máxima presea del Senado de la República; hasta 2017 había recibido doctorados Honoris Causa por al menos 20 universidades alrededor del mundo, destacando desde luego la UNAM, donde cursó el doctorado en filosofía; Toulouse, Francia; Compluense de Madrid, España; Iberoamericana, México; La Habana, Cuba; Carolina, Praga; Universidad de Guadalajara; entre otras.

Una anécdota más

Doña Ascensión Hernández Triviño relata que en una ocasión a Miguel León-Portilla le propusieron cambiar la nomenclatura de su calle para ponerle su nombre. “Pero él se negó rotundamente. Vivíamos en la calle de Alberto Zamora, que fue un franciscano famoso que murió en santidad, así que nos pareció muy bien que la calle siguiera llamándose así”.

Dos libros a propósito de la ocasión

  • “Tlamatini Homenaje a Miguel León-Portilla”

Autoras: Ascensión Hernández Triviño, Concepción Company Company, Et al

Edita: Paralelo 21

Año: 2020

  • “Soy mi memoria”

Autor: Miguel León-Portilla

Editan: El Colegio Nacional; UNAM; Universidad Iberoamericana; Academia Mexicana de la Lengua; Academia Mexicana de la Historia

Año: 2026

Temas relacionados

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí
tracking reference image

Noticias Recomendadas

Suscríbete