Decir que la exitosa Contra el viento del norte del escritor austriaco Daniel Glattauer es el renacer de la novela epistolar para el siglo XXI, sería no hacerle justicia.

La novela recupera la correspondencia entre Leo Leike y Emmi Rothner a través del correo electrónico. Una relación que nace con un envío equivocado y que pronto se convierte en un juego de seducción que transita por diferentes estadios emocionales.

Aparentemente no hay temas más sobados en la literatura universal: enamorarse, desenamorarse, hacer el amor, amores prohibidos, perdidos, dolorosos, desencuentros, ilusiones, celos, obsesiones, penas de amor.

Cuando en 1992, Nicholson Baker escribió Vox, la novela despertó un gran entusiasmo.

Vox estaba conformada por la transcripción de una larga llamada telefónica a un hotline donde la conversación trascendía el cargado subtexto sexual para explorar las vidas, imaginación, aspiraciones y pensamientos de los personajes y su época.

Por su parte, Daniel Glattauer se vale del correo electrónico para estructurar la novela y su continuación, Cada siete olas, en lo que en principio pudiera parecer un recurso facilón. 530 páginas reproduciendo la correspondencia en e-mail entre los dos personajes.

El asunto es que no es sencillo mantener la tensión y evitar repetirse, y Glattauer nunca lo hace. Crea una historia de amistad y también de amor, donde el medio anónimo del Internet se convierte en una suerte de facilitador, pero también de obstáculo en la relación, trabajando a fondo la psicología de Leo y Emmi para crear dos voces inconfundibles. Dos discursos que envueltos en conversación resultan profundamente entrañables.

La única pista que acompaña los mensajes es la nota: Tres minutos después, un día después, etc. lo que funciona por partida doble, en la estructura temporal de la trama, y también para destacar tanto la impaciencia y complicidad impaciente de uno, como la irritación, indiferencia o dejadez del otro en responder.

Sorprende que la versión española sea bastante fluida y sucumba poco a los insoportables coloquialismos que tanto entusiasman a los traductores hoy en día con tal de ser más guay. No obstante, resulta lamentable el poco cuidado de la traductora a la hora de reproducir algo elemental en la novela, como las etiquetas de los correos electrónicos: confunde la abreviatura AW del alemán que en español sería Re: (respuesta) con Fw (Fwd) que todos conocemos como forward o sea reenvío. Se recomienda al lector habitual de e-mails hacer caso omiso a este deplorable uso de las etiquetas y limitarse a leer los contenidos: ahí está lo que vale la pena.

Contra el viento del norte fue nominado al Book Prize alemán, traducido a 32 idiomas, inspiró una radionovela y una obra de teatro.

La novela ha sido, además, un éxito de ventas en Europa. Suerte similar merece (y seguramente tendrá) su impostergable continuación, Cada siete olas.

Los viejos tiempos no pueden repetirse , explica en determinado momento Emmi: Como su nombre indica, son viejos. Los nuevos tiempos nunca pueden ser como los viejos. Cuando lo intentan parecen viejos y agotados, como quienes los echan de menos.

La novela se lee como quién espía la correspondencia íntima de alguien más, invitando a ese voyeur que llevamos dentro a que se inmiscuya, con licencia, en un universo privado, lleno de sensibilidad, humor, inteligencia y momentos conmovedores.

El efecto está tan bien logrado que sentimos un placer casi morboso en algunas páginas. Casi resulta imposible no leerla de corrido, absortos, jurando que sólo leeremos un correo más para hacer una pausa y, digamos, dormir un poco.

Twitter: @rgarciamainou