Eugenio Caballero (México DF, 1970) supo desde muy joven que quería ser diseñador de arte. Mi formación fue más por el lado del arte, pero desde siempre fui un cinéfilo empedernido. Mi primer proyecto grande fue En medio de la nada (1993) de Hugo Rodríguez. Desde que estuve en el set y vi a alguien pintando una puerta esto me atrajo. Desde que vi que mis dos aficiones se podían conjuntar no he parado. Fui asistente, decorador, pasé por todos los puestos del departamento de arte .

Este año has recibido la nominación del Sindicato de Diseñaroes de Arte (ADG, por sus siglas en inglés) y también de los Goya por tu trabajo en Lo imposible. Se repite el mismo escenario de 2007, cuando te llevaste el Óscar por El laberinto del fauno…

Es parecido, pero aquella vez nos llevamos también la nominación al BAFTA y este año ya no. El del Sindicato es distinto porque aquella vez fue en la categoría de Fantasía y ahora es en Contemporáneo.

Es bonito que te reconozcan pero la verdad es que me importa más que la gente vea las películas, las goce. Ese ya es un premio.

¿Prefieres alguno de los dos premios a los que está nominado este año?

Los dos son muy buenos. Me gusta el del Sindicato porque en la gala te encuentras con los otros directores de arte, se presta al intercambio de ideas, conoces a los grandes maestros pero también a la generación joven.

En la terna del ADG estás junto a grandes maestros. Dennis Gassner, por ejemplo, que está nominado por Skyfall…

Me formé viendo el trabajo de Dennis Gassner. Varias de sus películas están entre mis favoritas: Barton Fink, Fargo… Truman Show, donde el peso dramático recae en la parte visual. Su trabajo en Skyfall es muy bueno. Ese es el premio, estar en la terna con gente así. También siento gran respeto por Alan McDonald (nominado por El exótico Hotel Marigold), que es más de la vieja escuela inglesa. A los otros nominados los conozco menos porque son más jóvenes.

En tu filmografía has hecho de todo, desde la fantasía de El laberinto… y Resident Evil, hasta piezas de periodo como The Runaways y cintas más sobrias y cotidianas como Seres humanos y Los límites del poder. ¿Cómo haces para tener un rango tan amplio como diseñador?

Me gusta no encasillarme. Después de El laberinto… todos los proyectos que me llegaban eran de género y de fantasía. No es que no me gusten, es que no es lo único que me interesa. También me interesaba mucho seguir en el cine mexicano, así que lo primero que hice fue Rudo y cursi.

Después trabajé con Jim Jarmusch en Los límites del control, fue una experiencia totalmente distinta, muy enriquecedora. Trabajar con Jim y con esos grandes actores, coincidir con Chris Doyle, el fotógrafo… Son ese tipo de experiencias que vas metiendo a la mochila.

¿Cómo funciona tu trabajo, buscas los proyectos, o son los directores los que te buscan?

En general me buscan. A (Juan Antonio) Bayona ya lo conocía, es cercano de Guillermo del Toro, hemos festivaleado juntos. Él se acercó a mí para ofrecerme el proyecto de Lo imposible.

¿Llegó contigo y te dijo quiero hacer una película del tsunami ? ¿No te pareció una locura?

Me suena, al principio, como una locura. Toda la parte técnica me despierta la curiosidad. Pero esa no fue la parte dura del trabajo. Me entrevisté con la familia Álvarez-Belón, la familia real en la que está basada la película. Me di cuenta que el tsunami no es el centro de la película, es la familia, se trata de contar este hecho alucinante desde el punto de vista de ellos.

Tuvimos el tiempo para pensarlo. Nos llenamos de información, del tsunami hay sobre todo mucha información de primera mano; en 2004 ya todo mundo tenía una cámara digital a la mano, gente tomando fotos de su familia y del paraíso cuando se les vino encima un muro de agua. Por fuimos tan meticulosos con los detalles.

Los detalles son impresionantes. María Belón, la madre de la familia, dice que lo único que cambia es que la pelota era amarilla, no roja…

Conversé muchísimo con María, también con otros sobrevivientes, gente que perdió a su familia o que quedó lisiada. Había ahí una cuestión moral: ¿qué tantos detalles mostrar? Creo que tomamos el camino moral correcto, sugiriendo muchas cosas y dando algunos detalles. En películas así uno es como un reportero y te tiene que preguntar hasta dónde muestras, cuando estás ayudando a la historia y cuándo solo explotas el morbo de la audiencia.

Hablando de tu trayectoria, empezaste muy joven. Cuando llegas a cintas como Seres humanos (2001) y Zurdo (2002) ya estabas hecho como profesional y apenas rebasabas los 30 años…

Yo no me considero hecho, me hago en cada película. Espero nunca considerarme hecho. Aunque cuando hice Seres humanos ya llevaba 10 años trabajando en todos los puestos del departamento de arte. Hice mucha publicidad, video clips. Luego llega la oportunidad de trabajar en Romeo y Julieta (1996) de Baz Luhrman. Trabajé con Brigitte Broch, a la que considero mi mentora. Ella me enseñó a contar historias. No es a través de la estética sino a través de la narrativa como puedo contar más. El trabajo de un director de arte es el de dotar de capas a una historia.

Entraste a Hollywood pero sigues haciendo cine mexicano. Supongo que en Hollywood el dinero deja de ser un problema…

El dinero siempre es problema, siempre te hace falta aunque estés en un producción de 30 millones de euros. Como cineastas iberoamericanos es parte de nuestro deber saber aprovechar los recursos, es decir, la ausencia de recursos. No hay grandísimos presupuestos, pero nuestro deber es que el dinero se vaya a la pantalla. Con El laberinto… competimos por el Óscar con películas que tenían cinco veces nuestro presupuesto y les ganamos.

Lo imposible está hecha con dinero público. Gran parte de su financiamiento viene del Ministerio de Cultura. ¿Crees que en México nos hace falta un esquema así de apoyo estatal?

Creo que ha habido grandes avances, la ley 226 no es perfecta, hay mucho que corregir, pero se está dando apoyo a voces distintas. En este tema es muy importante que haya voluntad política, esperemos que esta nueva administración la tenga. No solo a nivel federal, también estatal.

Es un momento en el que hay cineastas muy artísticos y otros muy comerciales, hay que apoyarlos a todos.

Lo más importante: cada país busca la manera de producir. En España hay una gran crisis en el cine porque depende mucho del estado. En EU el estado no interviene para nada.

Mañana se anuncian las nominaciones al Óscar. ¿Te importa, estás nervioso?

No realmente. Para mí los premios son bonitos pero me importa más que la gente disfrute del cine. Hace unos días me mandaron un mail del vecino de bungaló de la familia de Lo imposible. No lo conocíamos. No dijo que la película lo había movido mucho, muchos detalles que había bloqueado le regresaron gracias a la película y que gracias a ella se siente más curado. Como la película se trata de sensaciones más que de palabras, por fin pudo compartir con sus seres queridos lo que vivió.

Para mí ese es un premio incomparable. Además es un año muy difícil, hay grandes propuestas. Con estas nominaciones estoy feliz.

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