Desde que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llegó al poder, distintas manifestaciones de rechazo a sus políticas se han hecho escuchar. Todo comenzó con la Marcha de las Mujeres, la cual rompió récord con más de 3 millones de asistentes, posteriormente miles de manifestantes se reunieron indignados por la orden de impedir la entrada a inmigrantes de siete países; ahora son los científicos los que se han organizado para manifestarse en contra de las decisiones del mandatario.

Con las decisiones de Trump, fueron detenidos científicos, estudiantes o académicos. Por ejemplo, Mazdak Pourabdollah Tootkaboni y Arghavan Louhghalam, ambos iraníes y profesores de ingeniería de la Universidad de Massachusetts y quienes ofrecieron una conferencia en París sobre ingeniería sostenible, fueron detenidos en el aeropuerto Logan de Boston durante cuatro horas.

Samira Asgari, una iraní que viajaba a Boston para trabajar en un proyecto de tuberculosis en la Escuela de Medicina de Harvard, fue rechazada en el aeropuerto de Frankfurt; ?Kaveh Daneshvar, un genetista molecular iraní que está por terminar sus estudios posdoctorales en la Escuela de Medicina de Harvard y el Hospital General de Massachusetts, dijo a Nature que rechazará una invitación para una conferencia en Canadá el próximo mes por temor a que no se le permita regresar a casa después.

Estos ejemplos se unen a los recortes, la postura de Trump ante el cambio climático, permitir la construcción de oleoductos en lugares protegidos, como en Standing Rock, Dakota y a las órdenes que han recibido distintos organismos estatales de limitar su comunicación vía web con los usuarios, como la NASA, la Agencia de Protección Medioambiental y los Parques Nacionales.

Un ejemplo de esto ha sido la cuenta de Twitter del Badlands National Park, que la semana pasada publicó mensajes aportando datos sobre los problemas causados por el cambio climático. El Servicio Nacional de los Parques Nacionales se apresuró a borrar esos tuits alegando que habían sido publicados por un antiguo empleado que aún tenía acceso a las cuentas. Aseguraron, además, que desde esa red social sólo se daría información sobre los parques y la seguridad del público siempre y cuando no esté relacionada con la política nacional.

Ante estos actos, la comunidad científica estadounidense se ha levantado contra las decisiones de esta administración y anunció una manifestación el próximo 22 de abril con sede en Washington, la cual coincide con el Día Internacional de la Tierra.

También habrá varias marchas satélites en el resto de estados y en otros países para aquellos que no puedan asistir a la de Washington.

Permanecer en silencio?es un lujo

Existe una página oficial para mayor información sobre este movimiento (www.marchforscience.com), el cual cuenta con un comité directivo, copresidentes, jefes de estrategia y logística, un director técnico, un coordinador de ciudades satélites y un comité de diversidad e inclusión.

Los organizadores provenientes de distintas instituciones académicas, además de periodistas científicos, divulgadores de la ciencia y simpatizantes, aseguran que apoyan firmemente la diversidad, la inclusión y la igualdad en la ciencia.

Abogamos por la igualdad de acceso a la educación científica y a las carreras científicas. Cuando se ignora la ciencia y las políticas basadas en la evidencia, las comunidades marginadas se ven afectadas de manera diferencial y desproporcionada , se lee en sus estatutos.

Los científicos y defensores de la ciencia han permanecido en silencio durante demasiado tiempo frente a políticas que ignoran la evidencia científica y ponen en peligro tanto la vida humana como el futuro de nuestro mundo. Las nuevas políticas amenazan con restringir aún más la capacidad de los científicos para investigar y comunicar sus hallazgos. Nos enfrentamos a un futuro posible donde la gente no sólo ignora la evidencia científica, sino que trata de eliminarla por completo .

A pocas horas de que se anunciara la Marcha por la Ciencia en Washington DC, miles de personas comenzaron a organizar Marches for Science en sus propias ciudades; hasta ahora hay programados movimientos en más de 100 ciudades alrededor del mundo.

La ciencia no debe servir a intereses especiales ni ser rechazada con base en convicciones personales. En esencia, la ciencia es una herramienta para buscar respuestas. Puede y debe influir en las políticas y orientar nuestra toma de decisiones a largo plazo... Entendemos que la forma más efectiva de proteger la ciencia es alentar al público a valorar e invertir en ella. Esto sólo puede lograrse mediante la educación científica y la divulgación , se explica en la página.

Dentro de sus propuestas a defender se encuentran la educación en ciencia de vanguardia, la comunicación científica abierta, honesta y alcance público inclusivo, políticas y reglamentos basados en la evidencia en el interés público, financiación de la investigación científica y sus aplicaciones, humanizar la ciencia, apoyo a los científicos y afirmar la ciencia como un valor democrático.

nelly.toche@eleconomista.mx