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Cuando la tranquilidad se ha perdido
El programa temporal de la UNAM sobre ayuda emocional después de los sismos, continua.
Han pasado los días y hemos sido testigos de los desastres que dejó el sismo del pasado 19 de septiembre; que si carencias en las reglas de construcción o en protocolos de seguridad, falta de información, incertidumbre, casas derrumbadas; pero aquel día no fue lo único que se perdió. Ansiedad, miedo, ataques de pánico, falta de sueño, desesperación, temor, culpa, en fin, para muchos de nosotros la tranquilidad se perdió y había que hacer algo.
Parte de la maravillosa labor reporteril es conocer gente que aporta en muchos aspectos a la sociedad, en esos días conocí los proyectos que se crearon para apoyar desde la psicología a la población, los documenté y los dimos a conocer a través de este medio, pero al sentarme y crear mis notas, me daba cuenta que en general la sintomatología coincidía con mi estado de ánimo, con mi sentir.
Así fue que decidí acudir por ayuda al departamento de psiquiatría y salud mental de la Facultad de Medicina en la UNAM, primero me atendió un psiquiatra y de ahí me canalizaron a una terapia grupal, Intervención en Crisis, para ser más precisos.
Fui asignada al grupo del psicólogo clínico Francisco Daniel Valencia Ríos, Paco, a partir de la primera sesión, el fue nuestro guía por seis semanas, siempre con una premisa “nuestros miedos no se van, siempre están ahí como método de defensa, pero también tenemos que aprender a vivir con eso, controlarlo y volverlo una fortaleza”.
Entendido eso, lo difícil fue el principio, ¿cómo llegar y platicarle a un grupo de desconocidos lo que sientes y además tratando de no romper en llanto?, en efecto, ese fue el primer reto y vaya que costó trabajo, pues, las lagrimas no se hicieron esperar, pero una vez superado eso, comencé a escuchar historias que jamás me hubiera imaginado en personas que lucen tan fuertes por fuera, con ello lo que conseguimos fue un grupo unido en menos de tres horas.
“Este modelo en grupo beneficia a través de las experiencias de las demás personas, para que se sientan todavía más acompañadas, escuchadas, además de saber que no son las únicas que padecen ante un evento”, me platica Paco al entrevistarlo tiempo después.
Me explicó que en este sentido se creó un protocolo de intervención para manejar el evento de crisis y reorientar a la vida. “Cómo te impacta y a partir de ahí, qué herramientas puedes desarrollar para retomar tus días e incluso hasta mejorarlos”.
Dijo que de inicio, ver a personas desconocidas y compartir tu experiencia cae en el tabú de cómo me van a ver, van a pensar que estoy loco e incluso la palabra psicología o psiquiatría genera demasiado impacto y hace que las mismas personas estigmaticen su experiencia. En este sentido, Paco siempre finalizaba con un agradecimiento por ser valientes y regresar a trabajar con nuestra persona cada semana, esto generaba en mí la consciencia de estar haciendo bien, pues qué mejor que dedicarme unas horas a la semana.
Agregó que para esta modalidad terapéutica no sólo necesitábamos hablarlo, se trataba de actuar, generar cambios semanales que representaban retos.
Por ejemplo, hablaré de mi historia de pánico, uno de los días más difíciles tuve que salir corriendo de una plaza comercial, jamás había sentido una desesperación tal por estar en un lugar encerrada, no controlar tu pulso, correr sin control y sentir que te falta el aire, eso no era normal, tenía que trabajarlo.
“La experiencia es muy importante, cuando nosotros hacemos cambios en la conducta se empiezan a generar nuevos hábitos, a partir de ello analizamos cuales son los resultados y eso nos puede acercar al efecto que estamos buscando”, explica Paco, de ahí que las retroalimentaciones fueran tan importantes.
La terapia concluyó, todos los que acudimos notamos cambios importantes incluso más allá del evento del 19 de septiembre y coincidimos en lo valioso de hacer un alto en el camino y ayudarnos, pues la mayoría del tiempo nuestra última prioridad somos nosotros mismos.