Buscar
Opinión

Lectura 4:00 min

La popularidad de Trump toca fondo

Manuel Ajenjo | El privilegio de opinar

A Donald Trump le gustan tanto los récords que finalmente consiguió uno que probablemente no pondrá en letras doradas en el Salón Oval: su popularidad anda por los suelos. Y no precisamente porque haya decidido acercarse al pueblo.

Según The Economist, con datos de YouGov, la popularidad neta del presidente estadounidense ha caído hasta menos 25 puntos; lo que equivale que en una semana perdió 1.1% de su, de por sí, baja estimación popular. El peor registro de un presidente, a los 500 días de su segundo período, desde que comenzaron estas mediciones en 2009; hazaña nada sencilla en un país donde hasta para elegir el aderezo de la ensalada se polarizan las opiniones.

La principal explicación del desplome está en la guerra contra Irán, cuya reanudación a mediados de julio no despertó precisamente el entusiasmo de las masas. El 60% de los estadounidenses considera que la aventura bélica está costando demasiado. No especifica la encuesta si demasiado dinero, demasiadas vidas o demasiada paciencia. Probablemente las tres cosas.

Porque las guerras tienen ese inconveniente, antes de empezarlas parecen sencillísimas. Se bombardea al enemigo, este levanta las manos, el presidente pronuncia un discurso victorioso y todos regresan a casa para cenar. El problema aparece cuando el enemigo se niega a leer el guion.

La guerra contra Irán comenzó el 28 de febrero y desde entonces su respaldo popular no ha llegado siquiera al 40%. Otra encuesta, ésta de Reuters-Ipsos, encontró que solamente uno de cada tres estadounidenses apoya la intervención militar. Los otros dos, suponemos, preferirían que su presidente dedicara el tiempo a gobernar Estados Unidos en lugar de intentar administrar Medio Oriente con bombardeos.

El dato tiene particular importancia porque Trump llegó nuevamente a la Casa Blanca presentándose como el hombre que terminaría con las guerras interminables. Prometió evitar las aventuras militares de sus antecesores y ahora encabeza una que lleva cinco meses y cuyo final no se alcanza a distinguir ni con los poderosos telescopios del Pentágono.

Es una tradición política: prometer aquello que después se hará al revés. Como el candidato que jura combatir la corrupción y el nepotismo y cuando accede al cargo nombra Auditor Superior de la Federación a su primo.

La agresión estadounidense-israelí contra Irán ocurre, además, en medio de una creciente tensión internacional. Cada misil que despega lleva incorporada una factura y, tarde o temprano, esa factura aterriza en algún lado. Generalmente en el bolsillo del contribuyente.

Trump, que presume de ser un extraordinario hombre de negocios, debería comprenderlo: una guerra también tiene pérdidas y ganancias. Hasta ahora las ganancias políticas no aparecen y las pérdidas se reflejan en las encuestas.

Reuters-Ipsos encontró que su aprobación general cayó hasta 33%, el nivel más bajo de su presidencia. La guerra ha contribuido al aumento del precio de la gasolina y ocho de cada diez estadounidenses creen que el conflicto será prolongado.

Resulta curioso que un presidente obsesionado con las encuestas cuando le favorecen haya desarrollado la costumbre de desconfiar de ellas cuando le resultan adversas. Para Trump sólo existen dos clases de sondeos: los que demuestran que es maravilloso y los manipulados.

Seguramente pronto explicará que YouGov pertenece a los ayatolas, Reuters está infiltrada por Teherán y The Economist forma parte de una conspiración internacional para impedir que vuelva a hacer grande a Estados Unidos.

Mientras tanto, los números indican que entre el 33 y el 35 porciento de los ciudadanos aprueba la gestión del mandatario, mientras que el 60-62 por ciento la desaprueba y el cinco por ciento prefiere no opinar.. Apenas uno de cada tres estadounidenses respaldan la guerra. Sesenta por ciento considera excesivo su costo. La aprobación presidencial ha tocado fondo.

Donald Trump podrá ordenar ataques, movilizar portaaviones y amenazar países desde Truth Social, pero existe un territorio que ni el ejército más poderoso del mundo puede conquistar mediante bombardeos: la opinión pública.

Temas relacionados

Presidente del Consejo Directivo de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem) y Guionista de televisión mexicano. Conocido por haber hecho los libretos de programas como Ensalada de Locos, La carabina de Ambrosio, La Güereja y algo más, El privilegio de mandar, entre otros

Noticias Recomendadas