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Opinión

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Phishing: fraude digital in crescendo

Ernesto Piedras | Inteligencia competitiva

La digitalización ha trasladado buena parte de nuestras actividades cotidianas a pantallas, aplicaciones y servicios conectados. Sin embargo, también ha creado un nuevo espacio de oportunidad para los defraudadores.

El phishing consiste en un formato de fraude cibernético en el que los delincuentes suplantan la identidad de empresas o instituciones comerciales o financieras, entre otras, para robar datos personales, contraseñas o información bancaria. Así, no necesitan vulnerar sofisticados sistemas informáticos, basta con conseguir que una persona crea que está interactuando con su banco, una empresa, una plataforma o alguien conocido al recibir un mensaje o correo electrónico que aparenta serlo.

En México, esta amenaza dejó de ser marginal.

El cálculo para 2025 alcanzó 6.3 millones de reclamaciones por fraudes cibernéticos, 5.7% más que un año antes. Así, tres de cada cuatro casos de fraude ya son digitales, mientras que las reclamaciones por esta vía fueron 47% mayores que en 2018.

Mensajería, nuevo frente del fraude. La transformación más relevante no está solamente en el volumen, sino en los canales utilizados. La mensajería de texto se ha convertido en un mecanismo crítico de ataque porque combina alcance masivo, inmediatez y confianza.

Un dato que resulta particularmente revelador es que 95% de los mensajes de spam y fraude proviene de operadores fijos.

Detrás de este tráfico existen intermediarios que aprovechan las redes para distribuir comunicaciones masivas hacia usuarios móviles. Cuando los controles sobre estos clientes son insuficientes, cientos de miles de números fijos terminan funcionando como puerta de entrada para comunicaciones fraudulentas, aun cuando ya existen casos identificados.

Las modalidades más frecuentes son llamadas que simulan provenir de un banco, con 35.8% de los fraudes identificados, SMS o WhatsApp que solicitan datos (22.2% del total), y portales falsos de instituciones (18.9%). En conjunto, estas tres modalidades concentran 76.9% de los casos identificados, de acuerdo con información de la Condusef.

Por ello, una recomendación simple de prevención es siempre sospechar de los SMS bancarios enviados desde números de 10 dígitos. Las instituciones financieras utilizan números cortos exclusivos o identificadores con su nombre para este tipo de comunicaciones. Un mensaje que solicite información sensible y provenga de un número convencional debe considerarse una señal de riesgo.

Incidencia e impactos del fraude digital. El phishing en México es una amenaza creciente, tal que 34% de los internautas ha recibido mensajes sospechosos y 13.5% ha sido víctima directa, equivalente a 13.5 millones de personas.

Entre las víctimas, 61.5% reportó pérdida de contraseñas y 38.5% vulneración de datos personales. Además, 23.1% perdió dinero y 15.4% perdió acceso a cuentas bancarias. La pérdida promedio reportada asciende a $8,750 pesos.

Lo preocupante es que la capacidad de respuesta continúa siendo limitada. Escasamente 45.6% evita enlaces sospechosos, 34.4% verifica el remitente del mensaje y 18.6% utiliza antivirus o software de seguridad.

La brecha no es solamente tecnológica y/o regulatoria, también es de alfabetización digital y percepción del riesgo.

De la incidencia a una arquitectura de prevención. El siguiente paso debe ser construir una verdadera arquitectura de seguridad digital.

Los operadores ya utilizan Inteligencia Artificial para identificar patrones y bloquear mensajes maliciosos, pero los defraudadores también aprovechan nuevas herramientas para escalar y sofisticar sus mecanismos.

La dimensión del problema exige coordinación entre operadores, instituciones financieras, plataformas digitales, autoridades y usuarios. También requiere mejores herramientas para identificar emisores fraudulentos, compartir señales de riesgo y bloquear comunicaciones antes de que lleguen al consumidor.

El reto ya no consiste simplemente en enseñar al usuario a “no dar click” en los enlaces. Se trata de construir un ecosistema capaz de reconocer, detener y aislar una comunicación fraudulenta antes de que genere impactos significativos sobre la información, privacidad, y bolsillo.

Hoy, en una economía crecientemente digital, la capa de seguridad y confianza es menester protegerla y debe ser responsabilidad compartida entre todos los agentes involucrados.

Director General de The Competitive Intelligence Unit

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