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El petróleo recupera el control y vuelve a marcar el ritmo de los mercados
El hecho de que el petróleo no haya superado de forma sostenida los 100 dólares puede ser una señal de que el mercado no espera que el conflicto se prolongue indefinidamente.
Opinión
La semana pasada escribimos que el escenario más probable era un cese al fuego en el corto plazo. Que la lógica económica, el costo inflacionario y la presión política en Washington harían su trabajo. Una semana después, el Estrecho de Ormuz sigue cerrado y los números han empeorado.
La Agencia Internacional de Energía advierte esta semana que lo que está ocurriendo podría representar la mayor interrupción de suministro en la historia del mercado petrolero mundial. No es retórica. Antes del conflicto, por esa franja de agua de 33 kilómetros entre Irán y Omán transitaban cerca de 20 millones de barriles diarios.
Hoy ese flujo ha caído más del 90%; Arabia Saudita, Irak, Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos y Qatar han recortado producción colectivamente en al menos 10 millones de barriles diarios porque no tienen a dónde mandar lo que extraen. Los tanques de almacenamiento se llenan, los buques no encuentran aseguradora dispuesta a cubrir el trayecto y las refinerías de la región comienzan a cerrar.
La respuesta institucional llegó el 11 de marzo: los 32 países miembros de la AIE acordaron liberar 400 millones de barriles de reservas de emergencia, la mayor liberación coordinada de la historia. Estados Unidos aportará 172 millones de barriles de su Reserva Estratégica.
Es una señal poderosa con un límite concreto: esos 400 millones de barriles equivalen a apenas 20 días de flujo normal por el Estrecho. Es un analgésico, no una cura.
El Brent cotiza hoy alrededor de 97 dólares por barril, 30 dólares más que al inicio del conflicto, con momentos esta semana rozando los 100. Nuestros modelos indican que un cierre de tres meses del Estrecho llevaría el barril cerca de los 150 dólares. A ese nivel el impacto sobre el crecimiento económico y la inflación de las principales economías del mundo se duplica. Deja de ser una crisis energética para convertirse en una crisis macroeconómica global.
El precio del petróleo ha funcionado estas semanas como termómetro macroeconómico. Cada interrupción en el Estrecho, cada escalada en el conflicto se ha trasladado de inmediato a los mercados financieros internacionales, y los ganadores y perdedores se han definido con una claridad poco común.
Chevron y Exxon ya suben 10% y 12% respectivamente desde el inicio del conflicto y Vista Energy avanza 15%, ambas beneficiadas por producir petróleo completamente ajeno al conflicto, y con márgenes que se expanden cada vez que el barril sube un dólar.
Occidental Petroleum es la sorpresa, con un alza de 29%, reflejo de su alta sensibilidad al precio del crudo y una estructura de costos que convierte cada dólar adicional en el barril en flujo de caja directo.
Las aerolíneas cuentan la historia opuesta. Delta pierde 16% desde el inicio del conflicto, United Airlines cede 20%, American Airlines retrocede 24% y Volaris, la aerolínea mexicana de bajo costo, acumula una caída de 27%. Para estas empresas el combustible de aviación no es un insumo más, es su principal costo operativo, y el diésel y el jet fuel son precisamente los productos más vulnerables en este choque porque otras regiones del mundo tienen poca capacidad para compensar lo que el Golfo ha dejado de refinar y exportar.
Nuestra postura en las petroleras es de cautela. Chevron, Exxon, Occidental Petroleum y Vista Energy han subido con fuerza por su alta correlación al precio del crudo, pero con el Brent cerca de los 100 dólares hay más riesgo de caída que espacio para seguir subiendo. Precios tan elevados tienen un costo macroeconómico que los mercados terminan penalizando. Entrar hoy sería apostar al impulso, no a los fundamentos.
En aerolíneas, las caídas ya son importantes y para un inversionista con mayor tolerancia al riesgo podrían verse como una oportunidad, pero mientras el Estrecho permanezca cerrado cualquier posición en este sector carga con una incertidumbre difícil de justificar.
Vale la pena considerar que el hecho de que el petróleo no haya superado de forma sostenida la barrera de los 100 dólares puede ser una señal de que el mercado no espera que el conflicto se prolongue indefinidamente. Los precios siempre se adelantan a los hechos, descuentan noticias que aún no ocurrieron, y por ahora esa anticipación no apunta al escenario más severo como el más probable. Hay indicadores preocupantes, sí, pero el mercado todavía no los está leyendo como permanentes.
La pregunta que ningún inversionista puede ignorar: ¿está su portafolio preparado tanto para una posible escalada del conflicto como para un eventual fin del mismo? Porque cuando el petróleo regrese a los niveles previos al conflicto, y en algún momento lo hará, muchas de las empresas que hoy lideran las ganancias podrían borrarlas con la misma velocidad con que las acumularon.
Citando a Damodaran: el éxito en la inversión no viene de tener siempre la razón, sino de equivocarse menos que los demás.