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La Nueva Escuela Mexicana: retrasos y retazos

La generación que concluye primaria enfrentó pandemia, cambios de tres planes de estudio y ausencia de estrategias de recuperación, dejando aprendizajes fragmentados y persistentes rezagos educativos.

OpiniónEl Economista

Hay generaciones que recorren la escuela como un camino continuo. Otras, como la que termina la primaria, lo hicieron entre retrasos y retazos. La generación que el 16 de julio termina sexto grado inició su primaria con el cierre de las escuelas provocado por la pandemia de Covid-19.

Esta generación cursaba primer grado bajo el Plan de Estudios 2017, aprobado durante el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, cuando tuvo que abandonar las aulas. En pleno proceso de aprender a leer y escribir, estos niños vieron interrumpido uno de los aprendizajes más decisivos que la escuela está llamada a garantizar.

Cuando las escuelas reabrieron plenamente y retomaron sus actividades presenciales en agosto de 2022, esta generación ingresaba ya a cuarto grado de primaria. Pocas escenas escolares me han impresionado tanto como ese regreso: niños y niñas que aún no consolidaban la escritura, con una fluidez lectora muy precaria y con un desarrollo motriz y social claramente rezagado para su edad. Lo más desconcertante fue que el país regresó a las aulas sin una estrategia nacional para recuperar los aprendizajes perdidos.

Como si los efectos de la pandemia no fueran suficientes, esta generación regresó a cuarto grado en agosto de 2022 para encontrarse con otro plan de estudios: el Plan 2011, diseñado durante el gobierno de Felipe Calderón y todavía vigente para ese año. En apenas tres años en primaria habían cursado siete meses de primer grado, dos años fuera de las aulas y tenían que enfrentar un nuevo grado con un plan de estudios concebido para una trayectoria escolar que ellos nunca tuvieron.

Pero la historia aún no termina ahí. En el ciclo escolar 2023-2024 comenzó la implementación del nuevo Plan de Estudios de la Nueva Escuela Mexicana (NEM). El cambio fue mayúsculo: la NEM no solo modificó la progresión de los aprendizajes, sino que introdujo un enfoque pedagógico distinto al de las reformas anteriores, acompañado de nuevos libros de texto ampliamente cuestionados por diversos especialistas. Así, esta generación concluyó la primaria después de haber transitado por tres referentes curriculares distintos: el Plan de Estudios 2017, el de 2011 y, finalmente, el de 2022 de la Nueva Escuela Mexicana.

Una historia similar puede contarse de buena parte de los estudiantes que hoy cursan la educación básica. Son generaciones cuya trayectoria escolar ha transcurrido entre retrasos y retazos. El retraso fue por la pandemia: un acontecimiento inesperado y de alcance global. Los retazos curriculares, en cambio, son producto de una política educativa errática que ha privilegiado dejar el sello ideológico de su gobierno antes que construir trayectorias educativas coherentes y centradas en aprendizajes de calidad.

Al final, queda abierta la pregunta de si los maestros y los estudiantes lograron superar los retrasos en los aprendizajes e hilvanar los retazos curriculares hasta convertirlos en una secuencia de aprendizaje coherente y estable o si, por el contrario, estamos egresando generaciones cuya experiencia escolar quedó marcada por la fragmentación y el rezago educativo.

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