Buscar
Opinión

Lectura 3:00 min

Misiles, elecciones y el costo del dinero

Enrique Campos Suárez | La gran depresión

Para esta mañana, en el desayuno: un café, su ejemplar de El Economista y el dato de inflación de Estados Unidos. Es un hecho que desde primera hora los mercados financieros globales estarán pendientes de los diferentes indicadores sobre el comportamiento de los precios en ese país.

Se trata de los datos de junio pasado y, antes de conocer la información, el consenso anticipa un respiro. Para cuando me haga el favor de leer estas líneas, la cifra ya habrá sido publicada, pero es un hecho que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) mostrará una tregua temporal en los precios de los combustibles.

La inflación subyacente (core IPC), que excluye los componentes más volátiles, tenía poco margen para alejarse de su estancamiento en torno a 2.9% anual. Porque, más allá de la volatilidad provocada por la situación en el estrecho de Ormuz, la realidad es que los costos de la vivienda en Estados Unidos mantienen una rigidez preocupante, lo que conforma un cóctel difícil de administrar para la Reserva Federal (Fed).

Cuando los economistas del banco central sacan sus mejores herramientas de política monetaria, frente a ellos aparece una realidad geopolítica mucho más difícil de controlar. Hay una guerra en Medio Oriente que sigue sin un acuerdo de paz sólido, porque depende de los egos megalómanos de quienes amenazan con lanzar mil misiles de un lado y prometen una venganza implacable del otro.

El respiro energético de junio ayudó al dato inflacionario, pero es un espejismo frágil. Los estadounidenses ya comprobaron el pasado fin de semana que cualquier escalada militar tiene un impacto directo en el precio de la gasolina y, con ello, no solo se afecta el presupuesto familiar, sino también a las expectativas del mercado petrolero.

Y, como se ha dicho, entre las variables de este conflicto hay mucho más que dos potencias militares enfrentadas. Desde la Casa Blanca se suma el factor de un Donald Trump sometido a fuertes presiones políticas internas, por lo que la economía global opera bajo las reglas de la incertidumbre.

El republicano no está obsesionado con reducir la inflación; su prioridad es el crecimiento y el empleo. Bien podría optar por medidas fiscales o comerciales que maquillen esos indicadores antes de las elecciones de noviembre próximo.

México está atrapado en ese pantano, entre una inflación todavía elevada y la necesidad de impulsar el crecimiento. El Banco de México decidió que era buena idea amarrarse las manos con una tasa de interés de 6.50%, sin cambios durante un periodo prolongado.

El dato inflacionario de hoy puede dar algo de oxígeno a esa pausa autoimpuesta por Banxico, pero la incertidumbre global sigue siendo muy alta.

Al final, la Junta de Gobierno del Banco de México considera que mantenerse en la trinchera de 6.50% es el mejor escudo frente a la tormenta. Sin embargo, en un mundo donde el costo del dinero en México y en buena parte del planeta se define más por los misiles en Medio Oriente y los arrebatos electorales en Washington que por la experiencia de los banqueros centrales, la prudencia monetaria corre el riesgo de convertirse en simple inercia.

La inflación de junio en Estados Unidos será, al final, una fotografía fija del pasado en un momento en el que el mundo cambia demasiado rápido.

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí

Noticias Recomendadas